Señor Rulfo, vine a visitarlo y he esperado pacientemente pero aún no he escuchado su voz, tiene usted mucho de ánima en pena.
Dígame, ¿qué siente usted cuando escribe?.
- "Remordimientos". Se escuchó en el viento murmullos de su hablar lacónico y entelerido.
- "Sabe usted, aquí en Comala están desenterrando los cadáveres de los caballos...".
El cielo pareció nublarse. Después se instaló en el ambiente un silencio sepulcral, después agregó:
- "Aquí en Comala, he intentado sembrar uvas; no se dan. Sólo crecen arrayanes y naranjos; naranjos agrios y arrayanes agrios. A mí se me ha olvidado el sabor de las cosas dulces."
-Qué barbaridad don Juan, parece usted hijo del desaliento. Su mirada de poseído se perdió en el horizonte, lo escuché cantar:
...Hermosa flor de pitaya
blanca flor de garambuyo
-Juan ¿por qué canta eso?
-Por infeliz.
-Infeliz la pitaya, ¿no, Juan?
-también yo.
-Infeliz Pedro Páramo ¿no, Juan?
-Ese sí fue un desgraciado.
Con una voz apenas audible, como surgida de la tierra escuché:
- "Mire, ya habrá notado que a mi me siguen los perros. Antes en los pueblos, apagaban la luz a las once de la noche y no sabía dónde andaba nadie en la oscuridad, si la gente estaba afuera o adentro de sus casa, y sólo por los perros, por los ladridos de los perros localizaba uno a los cristianos, sabía uno que allí vivía la gente. Yo recorrí muchos llanos y las noches en que no oía a los perros ladrar, me sabía perdido."
Ya no escuché a los pájaros... solo los murmullos de Rulfo:
"Mi padre murió cuanto tenía yo seis años, mi madre cuando tenía ocho. Nací el 16 de mayo de 1918 en Sayula pero me llevaron luego a San Gabriel. Mis padres eran hacendados en San pedro Toxin y en Apulco, que era donde pasábamos las vacaciones. San Pedro está está a las orillas del río Armería. En el cuento El llano en llamas aparece ese río de mi infancia. Allí se escondían los gavilleros. A mi padre lo mataron unas gavillas de bandoleros que andaban por allí, por asaltarlo nada más. Estaba lleno de bandidos por allí, resabios de gente que se metió a la Revolución y a quienes les quedaron ganas de seguir peleando y saqueando. A nuestra Hacienda de San Pedro la quemaron cuatro veces. A mi tío lo asesinaron, a mi abuelo lo colgaron de los dedos godos y los perdió; era mucha la violencia y todos morían a los treinta y tes años, Como Cristo, sí. Así que soy hijo de gente adinerada que todo lo perdió en la revolución. Yo de niño vi pasar los cristeros por las faldas del cerro; mi mamá me tapaba los ojos para que no se me quedara grabado el siniestro monigote de un ahorcado. Mis hermanos y yo vivimos solitititos, éramos cuatro, nos acompañamos los cuatro. Por eso en mi cuento Nos han dado la tierra, digo: "Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante y dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: Somos cuatro."
Un murmullo infantil surgio del niño de bronce, era un rezo:
Santo Dios, Santo Inmortal,
Ruega por nosotros.
Ánimas benditas del purgatorio,
Rueguen por nosotros
San Mateo,
Ruega por nosotros
Santo Niño de Atocha,
Ruega por nosotros
Santo san Antoñito,
Ruega por nosotros.
Su rostro se contrajo, con el ceño fruncido y su murida en el horizonte dijo: "En San Gabriel, hice parte de la primaria, pero a raíz de la Cristiada quitaron el colegio y entonces ya no hubo ni colegio, ni monjas, ni maldita la cosa y por eso me mandaron con mis mis hermanos a Guadalajara, a un orfanatorio, allí entré a tercero de primaria y allí comíamos y era una especie de prisión horrible. En ese tiempo los orfanatorios eran como correccionales porque la gente rica de Guadalajara mandaba a sus hijos allí para castigarlos cuando se portaban mal, allí los archivaban."
-¿Es por eso que escribe de muerte y desamparo?. Qué historia cruel Don Juan, días trágicos del México bárbaro; me uno al rezo por el alma de sus difuntos.
Un profundo suspiro me invita a decir:
-Pero ahora, qué lugar mágico le han elegido para descansar, me gusta mucho; es bello, muy luminoso y lleno de trinos, y sobre todo, lo recorre gente viva y serena.
-"Qué puedo hacer, así es el gobierno, no pregunta qué le parece a la gente sus acciones. No sé cómo tuvieron la ocurrencia de sentarme entre tanto bullicio. A mi no me gusta la gente, ni hablar en público, no me siento bien, nada bien. Me entra el pánico, me deprimo mucho. Lo que opino de la gente se los les dije bien claro cuando me dieron el Premio Nacional de Literatura, dije que alguien, de quien no recordaba su nombre en ese momento, dijo alguna vez que el hombre era una pura nada. No algo, ni cualquier cosa, sino una pura nada. Y yo me siento así en este instante; quizá porque conociendo lo flaco de mis limitaciones jamás elaboré un espíritu de confianza; jamás creí en el respeto propio."
Sopló un viento cálido, trinaron decenas de pájaros. "Ya ve, ni siquiera plantaron cerca de mi una cordelina, mi árbol favorito; esa que da frutas parecidas a las granadas chinas, es un árbol noble que crece solo y es muy vivo... Es un árbol que tiene una vida...una vida casi humana porque es una especie de enredadera y procura apoyarse en donde puede. Si se le quita los apoyos a una cordelina, alarga sus estípites o como se llamen hasta donde encuentra un apoyo y de allí se va deteniendo." Cuando hablaba de este árbol el sol iluminó su cara, se suavizaron las arrugas. Claramente alcancé a escuchar: "Otro árbol que es muy bonito cuando está retoñando, un poco antes de que empiece a dar nueces es el nogal de Castilla; las hojas tienen un color que no se parece a ningún otro verde. Yo soy muy amigo de todos los árboles, de todos, menos de los huizaches y de los mezquites."
Ya que está de mejor ánimo, hablemos de otros temas felices, dígame ¿Le gusta la música y literatura moderna?
-"Orlando de Lasus, Perotinus Magnus, Pretorus, toda la música de la Edad Media. Mire, me sé de memoria la obra entera de una infinidad de músicos de la Edad Media, el Renacimiento, El Barroco; todos los venecianos hasta la cumbre del Barroco: Bach. ¿Conoce las grandes misas de difuntos, los requiem, la Escuela de Notre Dame ¿Charpentier, Dufay? ¿Has oído alguna vez el Camino de Santiago? La música antigua española es preciosa, la de Alfonso el Sabio; los cantos; ésa es la que más me llega, la oigo todas las noches, por eso no salgo de mi casa; leo y escucho. ¿Escuchó a Corelli, Gabrielli, Vivaldi, Albinoni, Bocherini, Tartini, Cherubini, Haendel? No oigo nunca música coral, tampoco me gusta el rocanrol, ay no me pregunte eso a mí, nada de lo moderno me gusta, ni la literatura de la onda, ni la música de la onda, ni los chavos y chavas, ni sus patines u rollos, ni sus palabras atravesadas, sus vulgaridades, su estridencia, su disloque, su estupidez. Arreola renunció al Centro Mexicano de Escritores con tal de no leer literatura de la Onda; dejó de sufrir cuando ya no tuvo que oír esos textos infames, un atentado a la cultura. La verdad, yo también dejé de hacer corajes".
¡Hum! Señor Rulfo, creo es un momento propicio para partir, ya escuché suficientes atrocidades.
