
Por Yolanda Lorge
Todo comenzó en un domingo tranquilo, la gente estaba en las iglesias o reposando en casa, algunos venían de celebrar la graduación de la preparatoria de sus hijos y amistades; otros, aprovecharon su día de descanso para hacer sus compras o salir a comer.
Después, como a las 5:30 de la tarde, las sirenas comenzaron a aullar, rompiendo la calma del día. Un horrible y feroz tornado decidió pasar por la ciudad de Joplin, Mo., y demostrarle cómo se comporta la Madre Naturaleza cuando se enfurece. El tornado de varios kilómetros de ancho arribó rugiendo tras una advertencia emitida apenas 24 minutos antes.
Los tornados son rápidos, feroces y su fuerza arremete con lo que encuentran a su paso, destruyendo sin piedad todo aquello que obstaculice su camino. Son tan destructivos que los expertos dicen que pueden convertir casas, árboles y postes de electricidad en misiles.
Los tornados en sí son un fenómeno meteorológico que consiste en una columna de aire que rota de forma violenta.
La mayoría de nosotros sólo conocemos este fenómeno natural a través de películas como El Mago de Oz, donde ubicamos a la pequeña Dorothy y sus extraños amigos. Pero un tornado se trata del fenómeno atmosférico más intenso del que se tiene conocimiento.
Los tornados son detectados a través de radares de impulsos Doppler. La gran mayoría de los tornados del mundo se producen en la región estadounidense conocida como Tornado Alley (Missouri forma parte de ese “callejón”), aunque pueden formarse prácticamente en cualquier parte de América del Norte
Existen varias escalas diferentes para clasificar la fuerza de los tornados: La escala Fujita-Pearson los evalúa según el daño causado; un tornado F0 ó EF0, la categoría más débil, causa daño a árboles pero no a estructuras; un tornado F5 ó EF5, la categoría más fuerte, arranca edificios de sus cimientos y puede producir deformaciones estructurales significativas en rascacielos.
El Servicio Nacional de Meteorología clasificó el tornado de Joplin en la categoría EF-5, la más alta de su escala, con ráfagas de más de 320 kilómetros por hora. Éste hizo volar escombros a más de 100 kilómetros de distancia.
Destrucción y desolación inimaginable

El catastrófico tornado dejó a su paso millones de dólares en pérdidas, golpeó con contundencia y precisión viviendas y edificios. Se estima que la destrucción que dejó a su paso contempla miles de casas, así como oficinas y comercios. Las llamas y el humo de las tuberías de gas rotas nublaban las pilas de casas y comercios reducidos a escombros y de automóviles convertidos en chatarra. Los cientos de heridos debieron ser evacuados porque el tornado destrozó el hospital principal: el Centro Médico Regional Saint John's.

El devastador fenómeno meteorológico causó 153 muertos y más de 900 heridos. Entre cuatro mil quinientas a nueve mil personas perdieron sus empleos a causa del fatal meteoro. Arrancó de cuajo árboles y arrasó vecindarios enteros, dejando un rastro de desolación. El torbellino tocó suelo por sólo 20 minutos pero fue suficiente para partir la ciudad en dos.
Tras él, quedó un panorama de edificios destruidos y cientos de árboles derrumbados. El tornado fue democrático en su ira: desbarató a casas y edificios de apartamentos, de barrios pobres y fraccionamientos ricos, desde modestos negocios hasta Walmart y Home Depot.

El proyecto de desescombrar Joplin parece imposible, aún después de que los días se han tornado en semanas. El torbellino dejó un tiradero imposible de comprender. Los equipos de búsqueda y rescate realizaron varios recorridos por la zona destruida, con la ayuda de decenas de perros entrenados y aparatos de escucha, con la esperanza de recoger los sonidos tenues de algún posible sobreviviente debajo de casas y negocios derrumbados. Vehículos policiales y jeeps militares circulaban por carreteras a cuyos lados se veían casas en ruinas.
‘Peor que en la guerra’

Entre las casas destruidas se encuentra la de Adolfo y Della Castillo. Para Della es la segunda vez que un tornado destruye su hogar, ¡y esta vez sucedió justo en el día de su cumpleaños! Esa tarde estaban en su casa esperando a que vinieran los nietos a celebrar con ellos. Ya venían en camino cuando se empezaron a escuchar las sirenas, prendieron el televisor y vieron los avisos de alarma y de resguardo. Es un momento en que la descripción técnica de los meteorólogos se torna en terror. Inmediatamente se fueron a un baño en el centro de la casa. Della avisó con angustia y terror a los nietos para que no vinieran porque el tornado ya estaba pasando, que se metieran a algún lugar; se resguardaron en un McDonald’s.
Dentro del pequeño baño, Adolfo estaba deteniendo la puerta con su cuerpo “yo sabía que si se abría, el tornado nos iba a jalar y nos sacaría volando”. Della, acostada en el suelo y agarrada de las piernas de Adolfo “ella no la estaba pasando nada bien, estaba aterrada, llorando” dice Adolfo. “yo trataba de calmarla diciéndole que estábamos vivos, que Dios nos iba a proteger”.

Son momentos en que te sientes completamente vulnerable, sientes que nada está permanentemente anclado, te sientes impotente, indefenso. Por fuera oían el horrible sonido de la destrucción que estaba pasando, muebles volando sobre el techo, pedazos de madera golpeando las paredes, la lluvia entrando en la casa ya sin techo, alaridos de los vecinos y el ruido del tornado que hace que te truenen los oídos. Los sonidos producidos por un tornado son provocados por múltiples mecanismos. A lo largo del tiempo se han reportado varios sonidos producidos por tornados, frecuentemente comparados con sonidos familiares para los testigos y generalmente como alguna variación de un estruendo. Los sonidos que son reportados con mayor frecuencia remiten a un tren de carga, rápidos o cascadas, un motor a reacción o combinaciones de éstos. “Para mí, el sonido fue como de un jet”, dijo Adolfo.
Cuando pasó la tormenta, salieron y no reconocieron su hogar, todo estaba revuelto, había dentro de su casa aparatos y muebles de los vecinos, colchones sobre lo que quedaba de techo. Todos los aparatos eléctricos y electrónicos que todavía estaban ahí, completamente arruinados. Afuera, un mundo no reconocido, tremendo daño, gran parte del vecindario destruido. Los vecinos comenzaron a salir sigilosamente del revoltijo uno a uno, preguntándose los unos a los otros si estaban bien, agradecidos de haber sobrevivido el Apocalipsis: heridos pero vivos. “Por la gracia de Dios quedamos vivos”, afirmó Adolfo.Providencialmente, al baño en que estaban resguardados sólo se le hizo un pequeño agujero en el techo, “se hace más grande, y por ahí habríamos salido volando”, aseguró Adolfo.
Cuando fui a ver la casa de los Castillo, hacía exactamente una semana que había pasado la devastadora tormenta. “Esto es lo que queda” me dijo mientras señalaba los restos de su casa.
En lo que quedaba de una pared había una X roja, señal que ponen las compañías de seguros para medir los daños. La señal X significa daño total. Adolfo, un veterano de guerra, dijo que todo el tiempo mientras pasó el tornado y después de eso, había permanecido calmado y en control de sus emociones, todo su entrenamiento de soldado le había servido para responder con ecuanimidad y sin pánico hacia un momento de emergencia. Me confesó que “fue hasta que vi la X, que todo me llegó de golpe, que sentí en todo su tamaño la gran pérdida”. Porque, añadió “en la guerra de Vietnam, la X la ponían sobre los cadáveres de los soldados, y para mí, eso significa muerte, fue cuando lloré”.
Después de la casa de los Castillo, fui a hacer un recorrido por las partes destruidas de la ciudad. Nada en las experiencias de mi vida me había preparado para presenciar el paisaje apocalíptico. Lo primero que uno nota es la falta de colores vivos, todo se ve gris o café, ya no hay pasto, flores o árboles enteros, los árboles que quedan están sin corteza. Joplin se fundó en un área boscosa, y me pregunté ¿dónde están los árboles? Caos por dondequiera.
Ese mismo día, el presidente Obama llegó a Joplin. Después de visitar los barrios reducidos a escombros y conocer de primera mano las historias de familiares de las víctimas, estuvo cara a cara con las legiones de desamparados y afligidos. Asistió a un servicio religioso conmemorativo para honrar a quienes sufrieron lo peor. Un servicio sombrío y emotivo que recalcó el ambiente de duelo.Todo un vasto territorio de terrenos baldíos, cubiertos por escombros de casas y árboles derribados, llegué a un vecindario en el que árboles derribados partieron casas, los tejados fueron arrancados de cuajo, los automóviles estaban en ruinas y aplastados como latas de cerveza, había pedazos de madera regados por todas partes. No miré nada completo, sino más bien pequeñas imágenes domésticas: una habitación que aún tenía un televisor, un sillón en medio de escombros, una lavadora junto a una casa demolida.

Tras una larga semana de sufrimiento, limpieza y devastación, observé a residentes cavando entre los escombros de sus casas destruidas, revisando sus derruidos hogares con la esperanza de encontrar no sé que. Me imaginé que tal vez debajo de algunos edificio derribados tal vez todavía se encontraría gente muerta o por rescatar, mascotas temblando de miedo, traumatizados por todos los sonidos de la tormenta. Me embargó una enorme tristeza.
Los asistentes a la ceremonia vitorearon cuando Obama dijo: “Les prometo que su país estará allí con ustedes en cada paso del camino”. Esta tragedia no es sólo de ustedes. Es una tragedia nacional, y eso quiere decir que habrá una respuesta nacional", afirmó el mandatario.
"Ustedes han demostrado una simple verdad", dijo a los asistentes a la ceremonia, "que en medio de la congoja y la tragedia nadie es un extraño. Todo el mundo es un hermano. Todo el mundo es una hermana. Todos podemos amarnos unos a otros".
