Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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lunes, 24 de octubre de 2011

Villa Madero

Por Rogelio Montaño


Carmelita Chávez de Barrera, qepd, reprendía a su hijo, Sergio, mi gran amigo, de esta manera:


-Nomás andas de vago, ni de la escuela te acuerdas.

-No, mamá, no ando de vago –le contestaba Sergio-, ando con Rogelio.

Bonita cosa, y Rogelio quién es, si no un vago como tú.


Con mi caro amigo, Sergio, tenemos 70 años de amistad. Es un titipuchal de años, ni cómo negarlo, porque primero hay que vivirlos… para después presumirlos. ¿O qué? ¿Es así? ¡Sí, así merito es!


No sé si por causa de mis vagancias me convertí en un viajero empedernido, pero les aseguro que no me arrepiento, esas experiencias me las llevo a ultratumba, pues mis caminos fueron tan diversos que, Gracias a Dios, jamás tuve qué lamentar ningún accidente.


Mi primer viaje en tren, siendo apenas un niño de 2 años, lo hice de México a Morelia, a la casa de mis abuelos, en donde los primeros 14 años los viví con la familia Bustos de recuerdos mucho muy gratos. En esa familia éramos 11.

*-*-*-*-*

Yo tendría como 6 años, cuando con mi mamá Chucha, Ramón, Rodolfo, Laura y yo viajamos al aserradero, a la cabaña de la familia Solorio.

He aquí el singular itinerario:

De Morelia, en tren, por los llanos y las canteras que van rodeando el cerro del Águila, en poco más de una hora nos bajamos del tren en la estación Tiripetío, un caserío apenas. No supe si ya estaba la Normal de Maestros, pero sí la Universidad de San Nicolás de Hidalgo.

En seguida tuvimos que esperar la llegada de la flecha para abordarla con dirección hacia Villa Madero, un pueblo ya más en forma. En el trayecto pasamos por Acuitzio del Canje, una aldehuela amontonada al pie de la sierra. De allí en adelante valles y montañas, pinos, encinos y cedros formaban bosques inmensos y estupendos.



A los lados de la brecha, como si los hubiesen plantado a propósito, había ringleras de árboles de tejocotes grandes y chapiados. También se podían ver en los caseríos pequeños huertos de perones, manzanos, guayaba cardona, granados, duraznos y capulines.


Dos horas después, llegamos al pueblo de Villa Madero, como no habían llegado los arrieros que nos iban a llevar al aserradero a lomo de caballo, mi mamá Chucha, Laura y yo, entramos al templo a rezar un padre nuestro y un ave María. Al salir Ramón reprendió a mi mamá de esta manera:

-¡Ándale, mujer, pos qué tanto rezan! Los arrieros ya tienen rato esperándolos.

Mi mamá le contestó:

-Debiste mandar a Rodolfo por nosotros, el templo está muy bonito.

-Trépense ya a los caballos y deja de estar alegando.

Al dejar Villa Madero entramos a las veredas de los bosques más densos y casi oscuros, caminando un largo trecho. A poco de andar a caballo en esos bosques de gruesos pinos, frondosos encinos y altos y olorosos cedros, en un altiplano muy grande, rodeado de árboles, en la orilla de la arboleda estaba la cabaña de la familia Solorio, construida a dos aguas y dos plantas, preciosa la cabaña.

Al llegar a la casa de nuestros anfitriones, molidos por las andaduras de los caballos, nos recibieron con sincero cariño: don Gabriel Solorio y su señora esposa, doña Elenita, Chepa y una niña, un poco mayor que Laura, nieta del matrimonio. La niña se llamaba Ma. Antonia, pero de cariño le decían Toña.

Estábamos ante la presencia de una familia, cuya amistad con mis abuelos, se remontaba al siglo XIX.

Los otros hijos de don Gabriel: Antonio, Pancho y Salvador se encontraban trabajando en el aserradero.

Nos recibieron con gran alborozo. Chepa nos hizo carantoñas a Laura y a mí.

El mayor de los hijos del matrimonio, Jesús, trabajaba en México, y era el padre de Toña, nuestra amiguita.

La casa, toda de madera, se ubicaba justo al entrar a la arboleda tupida de pinos y cedros. De manera que la cabaña tenía un fondo natural extraordinario.

A mí me dieron de cenar frijoles, tortillas recalentadas, un vaso de leche y calabaza en tacha. Nos aluzábamos con dos o tres quinqués. A mi mamá Chucha y a mí, nos dejaron uno de los cuartos de arriba, con ventana y toda la cosa. Yo estaba muy sorprendido; pero el sueño me venció escuchando cantar a Ramón y a los muchachos que ya habían llegado del aserradero, canciones de aquella época: Noche de ronda, que triste pasas, qué triste cruzas, por mi balcón. Noche de ronda, cómo me hieres, cómo lastimas mi corazón… Allá tras de la montaña donde temprano se oculta el sol… Pobre del calaverón, ya se le acabó su fama, ya lo llevan a enterrar, el lunes por la mañana…

Nos levantamos muy de mañana a juntar bellotas y a almorzar. El almuerzo: un sope de frijolitos chinitos con tortilla, un vaso de leche, una rebanada de pan de rancho y un polvorón. El polvorón jamás lo olvidé, pues hasta la fecha lo compro en la panadería La Jarochita, de don Aurelio, qepd.

Sólo un día, Salvador y mi tío Rodolfo, nos llevaron a conocer el aserradero que, por cierto era muy importante para la región; pero acabó con gran parte de los bosques por causa de la tala inmoderada.


Nos permitieron jugar un rato en la montaña de viruta y aserrín.
Yo veía las tongas de madera, rajadas y procesadas en tablas listas para secar y desflemar. El aserradero se ubicaba en una meseta entre pinos y cedros. Recuerdo que el entorno del aserradero era muy bonito. Los olores, las sierras trabajando, los troncos entrando a las diferentes máquinas para, al final, sacar las tablas que se iban a entongar. Todo el aserradero olía a resina. Juntamos ocote para los hachones en diciembre antes de las posadas.

Al regresar a la cabaña, se nos unieron mi mamá y Chepa. De repente, vi un arroyo de aguas muy cristalinas.

-Yo me quiero bañar en el arroyito –le exigía a mi mamá Chucha.

-No, Roge -me instruía Chepa-, esas aguas son caparrosas, te sale buche.

Al arroyo lo adornaban hartos árboles de tejocotes grandes y chapiados. Juntamos muchos para que Chepa nos hiciera conserva. Chepa vivió 100 años y murió en Uruapan.

Toña, conocía muy bien las veredas del bosque:

-No se vayan muy lejos porque se pueden perder, además, hay muchos coyotes y los pueden morder. Ándense por aquí, por donde los podamos ver. Tú, Toña, no se vayan a desvalagar, ¿eh? Ten mucho cuidado con el niño.

A la niña le gustó nuestra compañía y a nosotros la de ella; por las tardes nos llevaba al bosque en donde veíamos ardillas, madrigueras, nidos, pájaros carpinteros, palomas moradas y, una vez, un conejito. Nuestra amistad con la niña, se fortalecía a medida que pasaba el tiempo. Cogíamos bellotas, piñas de los pinos y flores llamadas andanes. ¡La pura felicidad!

Tres fabulosos días pasamos con la encantadora familia Solorio. Yo quería quedarme allí a vivir, pero era imposible. Regresamos a Morelia con la nostalgia de no ver ya más a Toña.

Miren lo que es la vida: cuando fui Tesorero Municipal, me visitaba en la oficina Antonio, entonces sastre, en la última etapa del alcoholismo, pidiéndome dinero, seguro para beber. Nunca se lo negué y lo recibí en la oficina del Tesorero.

Al llegar a Uruapan, mientras encontraba casa para mi mamá y para mí, mientras tanto, para no pagar hotel o casa de huéspedes (yo fui a Uruapan, con 20 pesos diarios de sueldo), viví con don Gabriel, doña Elenita y Chepa. Lamentablemente, allí me enteré de la muerte de Toña, de parto. Créanme que me dolió en el alma su anticipado fallecimiento.

Yo no me explico cómo es que he durado tantísimos años, tan atrabancado como fui. A mi recordada amiguita, Toña, le he sobrevivido 52 años. Así es la vida de canija.

*-*-*-*-*

Toda la vida cargué con la pinta de vago y bien que me la merecía. No les sé decir por qué, pero desde niño me fascinaba (hipnotizaba) viajar.

Tendría como 8 o 9 años cuando, desde Corregidora 516, nos llevaron a Pátzcuaro a visitar a la familia de mi tía Guille. Recuerdo que, Esmeralda, empezaba a caminar y mi tía estaba esperando. Don Alfredo, que hablaba el inglés a la perfección, trabajaba en el hotel Posada de Don Vasco.

Yo estaba que se me quemaban las habas por conocer Pátzcuaro. Le preguntaba a la señorita Cecilia Salmerón, mi maestra en 4to. Año, de la escuela Esther Tapia qué tan lejos quedaba Pátzcuaro.

-Uh, Roge, queda muy lejos, como a 60 kilómetros de aquí. ¿Vas a ir?

-A ver si me llevan.

-¿Con quién vas?

-Con mi familia.

-Sí te van a llevar, ya verás.

Llegamos el Puerto del Tigre y sus peligrosas curvas; Quiroga sus ricas carnitas, chicharrón y sus artesanías, Patambicho, Tzintzuntzan , Zurumútaro y Pátzcuaro.Cogimos por Corregidora, pasamos la gloriosa escuela Esther Tapia. El Santo Niño, la Pila del Soldado, en la calle de Cuautla, la calle Michelena, la tienda de abarrotes Las Quince Letras, para entroncar con la Calle Real; de esta manera, pasamos la Garita de los 3 Puentes, hasta allí se terminaba Morelia. De modo que en lo que te lo cuento, ya estábamos en la carretera 15 con rumbo a La Quemada, San Juanito Itzícuaro, Capula e Iratzio con su quesos, crema y jocoque famosísimos; al lado izquierdo de este pueblo, majestuoso y boscoso: el cerro del Águila, que se mira desde Morelia.

La “playa” de Chupícuaro, no existía, estaba inundada.

Imagínense conocer el lago de Pátzcuaro en el año 1941 ó 42, hace casi 70 años, cuando el lago y sus alrededores rebuznaban de agua. Era realmente maravilloso.

Ramón, quisquilloso como siempre, en la comida entabló un diálogo con mi abuelo Ramón, de la siguiente manera:

-¿Quién los va a llevar?

-Gilberto Villanueva, papá, en la troca de la fábrica de refrescos La Polar. (Con mi padrino Gregorio, en esa fábrica, gané mi primer salario: 5 pesos a la semana).

-¿Maneja bien?

-No, qué bah, es muy loco, me dicen que cuando va a Atapaneo, agarra las curvas a 60. Pero yo me iré con él en la cabina para traérmelo a mecate corto.

-No se vayan a desbarrancar por ahí. Te advierto que para ese rumbo hay muchas curvas.

-No tengas pendiente, papá, yo lo voy a vigilar.

No me acuerdo las personas que fuimos a Pátzcuaro, creo que Tere Barragán, mi tía Margarita, aún soltera, Ramón, Gilberto, Mipor, Laura, dos o tres muchachos y yo.

Ramón iba cantando una canción que en ese tiempo estaba de moda: Ladrón de amores me llaman por robarme tu cariño, como un juguete que a un niño se le antojaba al pasar. Con él me robé sus besos y un rizo de sus cabellos, pero me he enredado en ellos y no me pude escapar.

Ésa misma canción yo la cantaba mucho, pues me gustaba el: tipitipitín, tipitín, tipitipitón, tipitón, todas las mañanas junto a su ventana canto esta canción.

Llegamos a Pátcuaro, subimos la calzada que es bellísima, pasamos la Posada de Don Vasco, llegamos a la plaza de Don Vasco de Quiroga, Ramón preguntó por la calle Ahumada. Mi tía Guille, cariñosa como siempre, nos recibió encantada y se mostró dispuesta a todo lo que Ramón dispusiera. Pero…

-Qué no vas a dar de comer, Guillerma.

-No me vengas con exigencias, porque vete al restaurante a comer pescado y caldo michi. Les hice un tambache de taquitos, sopa de arroz y carne de puerco con chile. Ándale caite con la coperacha.

-¡Estaba yo loco de remate!

Gilbrto nos llevó al Estribo, que se ubica a unos cuantos kms. de la plaza Vasco de Quiroga. Llegamos al cenador, construido todo de cemento, desde donde se aprecia el lago, la isla de Janitzio, Yunuen y Urandén. Una extraordinaria postal para presumir.


Para hacer hambre, a Ramón se le ocurrió la puntada de subir los escalones, como 300, hacia la cima de la montaña. Yo llegué con las piernas que me temblaban de cansancio, pero estaba feliz de admirar ese paisaje tan bonito: tupido de árboles en una sucesión de lomas hasta donde se perdía la vista, encinos, cedros y enormes y gruesos pinos.

La bajada también fue muy fatigosa; pero estaba presente la esperanza de la comida. Gilberto llevó los refrescos de la fábrica La Polar. Comimos muy a gusto. Cuando de repente nos amenazó una llovizna con sol y un arco iris hacia el lago, fabuloso. ¡Qué espectáculo, Dios mío!

Muchos años después, con mi familia y mis compadres de Mazatlán, subimos los escalones. ¡Oh decepción, los montes talados. ¡Qué horror!

Don Alfredo no nos pudo acompañar por exigencias de su trabajo. Lo saludamos en la puerta de su casa para regresar a Morelia. Como les llevo dicho, su casa está en la calle Ahumada, cerca de la plaza de Don Vasco de Quiroga, precisamente la calle que sube al santuario de Nuestra Señora de la Concepción.


En esa plaza, con mi hermana, caminamos por los portales, bobeando la variedad de artesanías, que me encantaron. Todo era novedoso para mí.

Regresamos a Morelia pardeando la tarde, felices. Sin nada que enturbiara el paseo.

Esta fue la primera vez que conocí Pátzcuaro, es decir, en mi tercer viaje en mi vida.


Rogelio Montaño Bustos.

Morelia, Mich., a de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Nuestros Viajes por el Mundo - Asia




23. La India

Agra

Importante ciudad ubicada a orillas del río Yamuna, al norte de la India. Nudo ferroviario y centro comercial e industrial de la región agrícola circundante.

El viaje de Delhi a la ciudad de Agra lo hicimos en autobús.
En el trayecto, como de 180 kilómetros, fue muy interesante y les voy a decir los por qué: la carretera es muy angosta y accidentada por las curvas y los voladeros que caían a despeñaderos casi en forma vertical a ríos caudalosos o lagos apacibles. Una vez que sorteamos esas montañas o cordilleras, luego de atravesar un poblado grande que no anoté su nombre, el autobús transcurrió por una gran sabana. La carretera, bordeada de árboles frondosos, nos dio la maravillosa oportunidad de ir admirando parejas de pavor reales con plumajes verdes y azules. Mis compañeros de viaje, Rosita y yo estábamos deslumbrados porque vimos pavos machos luciendo una cola como de dos metros de largo. Como si esto fuese poco, vimos pastores arriando camellos y domadores con una pareja de elefantes con su cría. Todo un espectáculo por extraño para nosotros.

El pavo real es emblemático de la India, de manera que su captura está prohibida.

Llegamos anocheciendo a la ciudad de Agra. El guía (la Agencia de Viajes) nos hospedó en un palacio divino, construido únicamente en planta baja. Nos tocó una habitación soberbia. Hasta el día siguiente nos percatamos, corriendo las cortinas del ventanal, que daba a un jardín precioso, en el que iban y venían las parejas de pavos reales. Rosita y yo nos sentíamos como adentro de un cuento de hadas.

El guía nos indicó que el desayuno se serviría a las 8 de la mañana, por lo que nos iban a llamar a las 6:30. El comedor era un salón, a mi parecer, exageradamente decorado. Nos colocaron en una mesa con 4 comensales. Yo pedí un buen plato de corundas con chile y crema, aparte un plato de frijoles de la olla con cilantro y cebolla picada, ah, y una cheve. Jeje, no se crean, es una broma. El desayuno de estilo buffete.

A las 10 en punto nos dirigimos a admirar una de las obras de la arquitectura más célebre del mundo. Ruth y Rosalía, mis hijas, estuvieron allí: El Taj Mahal.

A esta ciudad acude el turismo internacional sólo para admirar este mausoleo.
Construido en 1632, en mármol blanco con incrustaciones de piedras preciosas (se desconoce el nombre del arquitecto) por el emperador mogol Sha Jahan, en honor de la preferida de sus esposas, Arjumand Banu Begam (mejor conocida con el mote de Mutaz Mahal), que murió en 1631 al dar a luz.

Recibe al visitante una enorme puerta que, al franquearla, se topa uno con una vista del entorno sencillamente espectacular, en cuyo centro se sitúa un estanque como de 50 metros de longitud, hasta muy cerca del edificio principal.

En la primera plataforma, justo enfrente del estanque, se dejan los zapatos para ingresar a un podio cuadrado con minaretes en cada esquina. Esta es la planta principal del impresionante edificio.

En el interior del mausoleo, que es octogonal, se ubican los cenotafios, de construcción rectangular (como un cajón) en el que no reposan los restos del Sha Jahan y de Mutaz Mahal.

La tumba, propiamente dicha, con una cúpula (domo) de más de 73 metros de altura (más alta que la catedral de Morelia) está decorada profusamente con inscripciones coránicas y relieves escultóricos muy complicados labrados en el mármol con piedras semipreciosas. A la enorme cúpula la rodean 7 cúpulas visiblemente más pequeñas, dándole al mausoleo un bello equilibrio arquitectónico.

El área del edificio y los jardines ocupan un frente de 300 metros y un fondo de 220. Los minaretes, en las esquinas del edificio, son los segundos más altos de la India.

A espaldas del Taj Mahal, discurre apacible el río Yamuna. A lo lejos se alcanzan a ver otros palacios no menos interesantes.

En el área alrededor de la construcción principal y del estanque, están los bellos jardines, mezquitas -donde oran los musulmanes- y las tumbas de las demás esposas del emperador mogol.

Lo que vi en la ciudad de Agra fueron carretas tiradas por camellos, elefantes, vacas por doquier, comercios mil, chiquitos (como de un metro cúbico, en el que se venden polvos) y grandes, enormes cartelones anunciando películas, aglomeraciones de gentes y pordioseros. Me llamó poderosamente la atención que las calles eran de terracería.

En este palacio había un mostrador –escaparate- con joyería. A Rosita le compré un prendedor circular cuajado de piedras preciosas muy chiquitas: lapislázulis, esmeraldas, turquesas, diminutos brillantes, agua marinas, topacios y no sé qué otras piedras preciosas más.

La India es otro mundo.



Jaipur


Kajuräho

En esta ciudad nos hospedaron en el Hotel Imperio, bonito pero austero. Volamos de Agra a esta ciudad. Todavía teníamos en la memoria los soberbios palacios vistos en esa ciudad, sobre todo el Taj Mahal.

Cuando bajamos del autobús para ingresar al hotel, nos recibieron afuera del lobby, dos lanceros de bengala montados en un enorme elefante y un hermoso camello. Todos ellos -lanceros y animales- elegantemente ataviados.

Junto al mostrador de la administración del hotel, había una escalera al primer piso ligeramente en curva. Justo debajo de la escalinata, los empleados del hotel tenían un altar con su respectivo dios (en la India existen millones de dioses y millones de altares). Me intrigó que los bell boys y una señora de limpieza, le hicieran reverencias al dios que Rosita y yo aún no lo habíamos visto. Nos metimos al bar a tomarnos una cerveza, pero yo estaba con la tentación de ver cuál era el dios que veneraban. Al ir a ver debajo de la escalinata, jajajaja, nos llevamos el chasco de nuestras vidas, en el suelo había una porción de heno, veladoras en vasos de distintos colores, foquitos navideños, serpentinas y al fondo un gran retrato de una dama de pie muy elegante, y en el centro un falo como de 70 cm de alto demasiado grueso, tanto, que el falo se veía achaparrado. Ése era el dios que veneraban estos ingratos.

El guía nos llevó a conocer los templos eróticos. Alrededor de las “torres” que terminan en punta, están esculpidas figuras (parejas) como de 50 centímetros, en distintas posturas del mengache. Las bromas de nuestros compañeros de viaje se presentaron de inmediato. En el interior del templo, lo mismo de siempre: changos hijos de la chingada y una horda de cucarachas grandotas. El interior está recargado de alegorías que rodean a un Buda con prominente panza y enigmática sonrisa.

Nos invitaron a un taller de orfebrería muy grande. La calle en la que se ubica dicho taller, no sé por qué, pero se me a figuró la calle 5 de Febrero donde viven Rosa y Jaime.

Los maestros orfebres tallan las piedras preciosas con cuidado y pulcritud, principalmente el diamante y la esmeralda (en la India hay mucha esmeralda y rubíes). En el local donde se venden las joyas cuentan con escaparates y aparadores para exhibirlas. Los precios me parecieron muy accesibles, pero no viajo con la intención de comprar joyas por muy baratas que sean.

Mañana, después del desayuno, Volamos a Varanasi.



Delhi


Nueva Delhi


Varanasi (Benarés)

Rogelio Montaño

viernes, 12 de agosto de 2011

Nuestros Viajes por el Mundo - Asia

20. Armenia


Erebán


21. China

Pekín (Beiging, en Chino)

Conocer una micra de este inmenso país fue para Rosita y para mí un auténtico privilegio. Jamás pensé que yo pudiera conocer algo de este país.

Comencé a planear el viaje con mi agencia: Viajes Tzitzi y yo mismo no me lo creía. Mis planes, en vez de China, eran Mongolia, particularmente Ulan Bator, pero me negaron la visa. Me tuve que conformar con la República Popular China. Pero no me arrepiento.

Íbamos a este misterioso país, recientemente abierto al turismo, principalmente para ver costumbres legendarias, tales como el ritual del té, las finas porcelanas (sin comprarlas porque son muy caras), los trabajos de seda, la tinta china que desaparece, las casas de juncos sobre el río, los crisantemos ornamentales y comer el arroz con popotes. Todo esto que leía en los folletos de propaganda obsequiados por la Agencia de Viajes, francamente me alborotaban.

Pekín es la capital de China, fundada hace más de 2000 años. Es el centro político, cultural e intelectual de China. Además, es la principal metrópoli comercial e industrial.

Visitamos el asombroso Templo del Cielo que es el santuario más famoso de este país. Su enorme estructura está construida de madera, pero sin clavos. Los muros son rojos con dibujos geométricos muy complicados revestidos con laminillas de oro hasta el techo. En el interior del templo está la figura majestuosa del Buda. No subimos hasta el último piso porque había mucha gente esperando turno para subir por la alta y angosta escalerilla. Este templo fue construido en el siglo XV.

La Plaza Tiananmen de Pekín es la mayor plaza pública del mundo. Ahí se aprecia, en primer término, la fachada por donde se ingresa a la Ciudad Prohibida, dicha fachada está presidida por un enorme retrato de Mao Tse Tung.

En el interior de esta enorme ciudad está el Palacio Imperial y otras muchas construcciones muy interesantes y extrañas para nosotros.

La Plaza Tiananmen la rodean varios edificios importantes, entre los que se cuentan El Museo del Pueblo y El Museo de la Revolución China; La Gran Galería de Arte China, la Estación de trenes de Pekín, el Templo del Sol, la Biblioteca de Pekín, etc.

A la entrada del mausoleo en donde se exhibe el cuerpo de Mao Tse Tung, se erige su estatua.

El mausoleo es un recinto muy amplio y alto, con grandes ventanales a los lados. En el centro de la amplia sala se encuentra una plancha de mármol, como de un metro y medio de alto. Ahí reposa el cadáver del líder, el cual está vestido con una gorra azul, una camisa blanca, una chaqueta azul y el pantalón del mismo color. Los brazos reposan sobre su abdomen y su rostro luce visiblemente pálido. El austero recinto y el cadáver impresionan.

También fue motivo de asombro para nosotros ver la gran cantidad de gentes que deambulan por las avenidas de Pekín y los ríos inmensos de bicicletas.

Comimos en un restaurante el famoso pato pekinés, que por cierto nos gustó.

Asistimos a la Ópera de Pekín que combina el baile con la acrobacia. Los actores usan vestidos extravagantes, gesticulan y se maquillan la cara sin discreción. Los instrumentos musicales son muy raros para nosotros y las melodías me parecieron melancólicas.

Fue maravilloso admirar a los calígrafos y a una jovencita todo talento, que en unos arillos de bordar, en una tela muy delgadita color humo, con aguja e hilo copiaba a la perfección la foto a colores de un gatito. Todo esto lo vimos en el lobby del hotel.

Por fin se llegó el día de ir a La Gran Muralla China, que se encuentra a escasos 60 kms de Pekín (como de Uruapan a Pátzcuaro). Es la construcción artificial más larga del mundo (un laberinto de más de 6000 kilómetros que se abre paso por laderas y montañas). La mandó construir -¡¡¡Más de 200 años antes de Cristo!!!-, con tan sólo tierra, piedra y ladrillo el primer emperador de China: Qin Shi, precisamente el de las figuras a tamaño natural esculpidas en terracota.

El complejo turístico incluye hoteles, restaurantes, tiendas de curiosidades relacionadas con La Gran Muralla y otras.

Muy cerca de ahí se encuentra una estación del ferrocarril. Cito esto porque casualmente nos tocó presenciar el Ferrocarril Transiberiano que partió de la ciudad de Moscú, rumbo al Océano Pacífico, tres meses antes.

Nuestro viaje a la Gran Muralla China y en general a una parte pequeñísima del enorme país, fue muy aleccionador y todo un privilegio.

Un domingo nos llevaron a un campo de diversiones grandísimo, rodeado de pagodas y construcciones chinas, un lago y colinas de suaves pendientes, un teatro para títeres, otro para ópera, la rueda de la fortuna, el gusano, los carritos chocadores, el avión del amor, malabaristas en las calles, magos, golosinas, tiro al blanco, restaurantes, la montaña rusa, etc. Un mundo de gente abarrotaba el enorme campo. Por donde quiera gente y más gente. Yo ya estaba muy disgustado, porque unos compañeros se habían extraviado en medio de la multitud. El guía, previsor, no indicó el sitio y la hora de reunión. Rosita y yo nos trepamos al autobús a dormir. Estábamos cansados de tantísima gente. En Pekín se ve gente y bicicletas, ríos caudalosos de bicicletas. El país actualmente tiene un censo de 1.300 millones de habitantes. Pese a estos inconvenientes, lo que presenciamos en este país fue de lo más interesante. Yo volvería encantado a la China de Mao Tsé Tung.



Hong-Kong

En Hong Kong no funciona el comunismo de otras ciudades de China, ya que la riqueza se la ve en todos lados.

Nuestro grupo de turistas fuimos alojado en un hotel de 5 estrellas, llamado Garden Palace. Como no hubo habitación regular para nosotros, y en atención a que éramos la pareja de más edad, no asignaron una suite de 1000 dólares diarios sin el compromiso de pagar el excedente que yo no lo hubiese podido sufragar.

Esto que les cuento sucedió en 1985, ya se podrán imaginar los lujos de la dichosa sute: dos salones soberbiamente amueblados, una cama king sice espléndida con cojines de seda y ropa de cama muy fina, los dos salones alfombrados, caja fuerte, televisión, teléfono, elevador en la misma hamnbitación activado con una tarjeta; un baño con jacussy de lujo con un montón de toallas. La mera verdad es que nos tenía asombrados la sute, pero teníamos que salir a la calle a conocer la ciudad. Nos llevaron el desayuno a la habitación. La vista a la bahía, desde la suite, era hermosa. Hong Kong es una ciudad deslumbrante en todos los sentidos. Los altos edificios nos recordaban Nueva York.

El mercado de mariscos y pescados es enorme, la mercancía se mueve desde las 4 de la mañana como si fuera una Bolsa de Valores y, para las dos de la tarde, ya no hay nada y todo el mercado está limpio. El famosísimo distrito comercial de Tsim Sha Tsui, los comercios y mercados funcionan día y noche y son muy concurridos. Las joyerías exhiben joyas bellísimas y cara, para millonarios, pues. En una sola cuadra vi en los escaparate más diamantes, rubíes y esmeraldas que los que he visto en toda mi vida, y miren que estuve en Copacabana, Río de Janeiro, donde se exhiben gemas preciosas.

Creo que el aeropuerto de Hong Kong es de los más lujosos que tuved la oportunidad de visitar. Para terminar, les diré que los fabricantes y artesanos falsifican todo. Los comercios que venden productos genuinos tienen un emblema en la puerta que los distingue de los demás. Saludos a todos.


Shanghai

La ciudad de Shanghai se ubica al este de China y se desarrolla industrial y comercialmente en las dos orillas del Río Huangpu, cerca de su confluencia con el río Yangzi Jiang. En China hay más de 50.000 ríos, la mayor parte navegables. La ciudad más grande y poblada de China, es Shanghai, una aglomeración urbana de más de 15 millones de habitantes. Son célebres los trabajos artesanos en esmaltes, en las tallas de jade, la loza laqueada (¿Lacada? An chepo, que quiere decir, no sé) y el tejido de alfombras. Todo se te antoja comprarlo, pero con qué ojos, divino tuerto.

Esta enorme ciudad es el centro financiero de mayor importancia en toda China. Compite con Hong Kong.

Caminamos por la avenida Nanjing, que es una de las más importantes de la ciudad, en donde la gente se agolpa por la avenida debido a la superpoblación.

La ropa, el calzado, los alimentos enlatados, los pescados y mariscos en comercios y restaurantes son baratísimos, sólo que hay que pagar con la moneda de uso común, el yuan, de modo que no puedes cambiar más que lo estrictamente indispensable para tus compras, porque dicha moneda no se puede cambiar por dólares ni en el hotel ni en los Bancos, lo que te sobra te lo llevas a tu casa como recuerdo.

Navegamos por el Río Huangpu en un enorme trasbordador, ahí comimos la comida cantonesa con los clásicos palillos colocados en una enorme mesa giratoria, entorno de la cual se sientan los comensales a comer. Dicha mesa está provista de platones con los alimentos de los que puedes escoger tu comida preferida sin restricciones. Te arriman palillos para comer.

Terminada la opípara comida fuimos invitados a presenciar la función del teatro: Una comedia ocurrente que no entendí ni madre. Malabaristas y contorsionistas increíbles, así como magos asombrosos.

A mí me invitó al escenario un mago jovencito, de escasos 15 años, para que le sirviera de comparsa en sus variados actos de magia. Me quedé maravillado por su destreza y pulcritud. Trataré de describir un acto que, neta, no me explico cómo lo hizo: los dos cogimos una pequeña sábana por los extremos, como una toalla, un niño del público que estaba comiendo palomitas, fue invitado por el joven mago a que vaciara las palomitas en la sabanita, movimos la sábana y poco a poco fueron desapareciendo las dichosas palomitas, hasta que el niño mago lanzó la sabanita al público sin ni madre de palomitas de maíz.

Navegamos como seis horas (ida y vuelta) por el ancho, caudaloso y congestionado río. En la barandilla del transbordador, Rosita y yo vimos sampanes, juncos, barcos enormes de la marina mercante China y toda clase de lanchas y barcazas. Las orillas de ambos lados del río, ¡SON PUERTOS HASTA LA DESEMBOCADURA DEL MAR AMARILLO! De esta ciudad al Mar Amarillo, hay 100 kilómetros. Confieso que me quedé muy sorprendido, pues yo conozco los puertos más importantes de mi país y son muy pequeños.

China tiene una frontera terrestre de más de 22.000 kilómetros (Estoy copiando) y limita con 14 países: Mongolia, Rusia, Corea del Norte, Laos, Myanmar, (antigua Birmania), India, Bután, Nepal, Pakistán Afganistán, Kasajstán, Kirguzistán, y Tayijistán.

Saludos.



Xi'an

En esta bella y tradicional ciudad, una de las más antiguas de China, visitamos la pagoda de la Colina del Tigre y La Gran Mezquita, utilizada por la población musulmana. Esta ciudad es un centro cultural e industrial a orillas del Río Wei.

Se dice que los médico acupunturitas gozan de fama internacional, a mí me ofrecieron una sesión de acupuntura que acepté.

En China yo no vi un solo perro callejero, mujeres embarazadas o limosneros. Los fumaderos de opio y prostitutas, no están al alcance de turistas.

A Xi´an se va para admirar uno de los ejemplos más hermosos e impresionantes, como el famoso ejército de terracota de la tumba del emperador Qin shi Huangdi, formado por más de 6.000 figuras de terracota de tamaño real, que representan soldados y caballos.

En una de las escapadas a cenar con Rosita, escogimos un restaurante que anunciaba pato laqueado, el guía nos lo recomendó. Para abrir el apetito, nos sirvieron un vino blanco que me pareció demasiado dulce, pedí otros dos vinillos y el pato. Nos sorprendimos cuando nos arrimaron una bandeja con suficiente carne de pato, tortillas de harina que la mesera se encargó de servirnos en tacos. De postre no dieron una rebanada de pastel con nueces y piñones. Un vaso de agua de chía remató la cena.



22. Georgia

Tbilisi


Rogelio Montaño

Nuestros Viajes por el Mundo - Asia

24. Japón


Atami


Narita


Tokyo


25. Singapur

Singapur


26. Tailandia


Bangkok


La Boa

Rogelio Montaño

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27. Nepal (Reino de Nepal)


Bhaktapur

Acostumbrados como estamos a ver lo cerros de Michoacán: el Tancítaro, el Tzirate, el Patamban, el Águila, frente a Iratzio, el Condémbaro, el cerro de los Horcones en donde cacé un venado de 8 puntas en un rancho de nombre La Pajera. Estos montes son tan altos y hermosos por sus bosques, su fauna y sus ranchos de no más de 10 chozas, que para treparlos se requiere de una condición física muy buena.

Pues estando en Bhaktapur, del reino de Nepal, al despejarse la niebla y al contemplar la cordillera del Himalaya y pasmarnos de la altura increible del Everest con sus nieves eternas y sus cerca de 9000 metros de altitud, nos quedamos con la boca abierta al contemplar tanta belleza. La foto que escogió Chito dice más que las palabras que yo pudiera expresar.

Bhaktapur se ubica al poniente de Katmandú, como a 80 Km. Destacan los templos budistas construidos en 3 plantas a 4 aguas. El guía no permitió que ingresáramos a los templos antiquísimos construidos con madera y teja por causa de los monos que, a veces, son agresivos con el turista, y como había que entrar descalzos, el guía nos previno del ejército de cucarachas.

La ciudad de Bhaktapur a mí me pareció mucho muy rara. Además, hay un enjambre de limosneros que casi te asaltan para que les des una rupia. Se ve la pobreza por todas partes y la ciudad está llena de puestos callejeros vendiendo comida y baratijas.

Hay turistas que van a esta ciudad y no ven la cordillera por causa del mal tiempo o de la niebla que cierra totalmente el panorama.

En el trayecto de regreso, en el autobús, se aprecian aldehuelas con personas, niños arriando el ganado de yaks y mujeres lavando ropa en el riachuelos frío como el hielo, pero cristalino. Ya me andaba por tomarme una cervecita o una cubita de Bacardí blanco. En una parada que hicimos en un pueblito, en chinga me fui a conseguir algo para saciar mi sed de chupe, una guama me hubiera caído de rechupete, ¿pero saben que encontré? un pomo de a litro de tequila Cuervo. No me puse bien chuco porque les invité a mis compañeros de viaje.

Llegamos a Katmandú como a las 10 de la noche. La carretera, principalmente de terracería, es muy sinuosa y con unos bordos al voladero impresionantes, pero el chofer, como los pilotos, son expertos para ir y venir.

Y eso es todo. Saludos a la colegancia.


Dhulikhel


Katmandú


Pokhara

Para leer la crónica del viaje al Reino de Nepal y la fascinante visita a Pokhara, pícale aquí


28. Uzbekistán


Samarcanda

Me perdí en el aeropuerto de Samarcanda. Allí, Yena, nuesto guía ruso, requirió de otro guía para las traducciones. El caso es que cuando llegamo a Samarcanda, procedentes de Tashkent, en el aeropuerto me perdí.

Se trata de una sala de espera demasiado grande y muchísima gente estaba durmiendo en los pasillo de la inmensa sala. Yena nos organizo de manera que fuésemos caminando en fila india hacia la salida, a veces había qué saltar los cuerpos dormidos en el suelo. Yo no me explico cómo es que me perdí si iba siguiendo la fila india.

Cuando me vi solo en ese maremágnum de pasajeros, me preocupé porque no podía preguntarle a nadie por las puertas de salida. Eran como las 2 de la madrugada y nuestros acompañantes de México y otros estados, querían descanzar en el hotel. Rosita, ya en el autobús, dio la voz de alarma, diciéndole a Yena que faltaba yo. Éste se movilizó con 3 policías para buscarme, entretanto, los turistas que viajaban con nosotros, se comenzaron a encabronar, pidiéndole a Yena que me dejaran por pendejo. Un señor que me vio cara de despistado, dentro de la sala, se acomidió a llevarme al autobús, en el trayecto nos encontramos con los "polecías" y con Yena. Al entrar al autobús, escuché apenado la rechifla. Eso es todo


Tashkent

Rogelio Montaño

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29. Rusia


Leningrado (San Petersburgo)


Suzdal


Vladimir


La Plaza Roja de Moscú

En 1985 Rusia era la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y todo funcionaba como el paradigma de un Estado Socialista.

Mis amigos Roberto, Buba y Tino nos pasearon por gran parte de la ciudad de Moscú, en su automóvil. Cuando llegamos a la ciudad, me comuniqué con Roberto desde el hotel donde estábamos hospedados. Fue un cuete lograr que la señora del piso donde estábamos, me prestara el teléfono para hablarle a mi amigo. Era domingo. Cuando me identifiqué con Roberto se llevó la sorpresa de su vida. Le dije que estábamos hospedados en el hotel Cosmos, indicándome que lo esperáramos a una cuadra del hotel porque él no podía acercace más allá del estacionamiento.

Llegó en su coche con Buba y Tino. Roberto habla y escribe en español, Buba y Tino no. Nos llevaron a su departamento donde nos esperaba una pareja, que no recuerdo sus nombres. Nos sentamos en un sofá muy madreado; nos sirvieron un vaso de vodka con agua mineral, en la mesita de centro había galletas, y diferentes carnes frías, predominando el salami. Buba nos dio un huevo partido a la mitad sin la yema, rellenándola con caviar.

Fui al baño a echar una raya (orinar), el baño era como en la casa de Corregidora 516. Observé la cocina y la recámara y no tenían más que lo indispensable para las necesidades del día a día. Eran la 9 de la noche y Roberto con su familia, nos llevaron a conocer La Plaza Roja, el Kremlin, los almacenes Gum, la Universidad Patrice Lumumba, por el malecón del río Neva, el Teatro Bolshoi que estaba en reparación y nos llevaron por diferentes rutas del Metro que me pareció muy limpio y elegante, con unas escaleras eléctricas larguísimas. Eran las 10:30 de la noche cuando nos dejaron en el hotel y el sol comenzaba a ocultarse. La pareja de milicianos no permitieron que mis amigos se acercaran a la puerta de ingreso del hotel.

Roberto trabajaba en el ministerio de correos. Ahora tiene 70 años y está enfermo del corazón. Nació en Tbilisi, de donde era Stalin, sus padres campesinos, sufrieron las purgas de Stalin y fuero asesinados couando Roberto tenía 10 años. Su estancia en España, Barcelona, lo obligó a aprender el español y el catalán, así como los bailes flamencos y la pintura. A mí me pareció un hombre con una inteligencia agudísima, nuestra correspondencia la sostuvimos durante 45 años. Se quejaba mucho de las condiciones tan absurdas del socialismo, pese a que él pertenecía al Partido Comunista. Ahora vive con su familia en Sofía, Bulgaria, en donde se desenvuelve la familia sin la violencia que impera en Moscú por las bandas de delincuentes. Mi relato, como pueden ver, es muy breve, refiriéndome principalmente al hecho de penetrar en un hogar ruso, que no es cosa que se dé con frecuencia.

Saludos

Por Rogelio Montaño

lunes, 25 de julio de 2011

Nuestros Viajes por el Mundo - Centro América

VI Belice

Cd. de Belice


VII Guatemala

Cd. de Guatemala


Antigua


VIII Panamá

Cd. de Panamá


Colón


San Miguelito


Por Rogelio Montaño

Nuestros Viajes por el Mundo - Islas del Mar Caribe y Pequeñas Antillas

IX Aruba

Aruba


Camacuri


X Cuba

Ceiba del Agua


La Habana


Matanzas


Varadero


XI Jamaica

Ocho Ríos


XII Santa Lucia

Castries



XIII San Thomas

San Thomas


XIV Tortola

Road Town

Por Rogelio Montaño