Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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viernes, 25 de septiembre de 2009

La Entrañable Familia del Norte













El querido tío Rogelio Lazo y Teresita



Abuelita Ramona, Teresita Lazo, Abuelito Jesús.














Abuelita Ramona y su hija Amelia Lazo (tía nuestra)















Tío Tavo y Tía Licha

La Familia Lazo Contreras.

La abuelita Ramona es hermana de nuestro abuelito Jesús. Ella casó con Jesús Lazo y tuvieron 4 hijos, Rogelio, Amelia, Jesús y Cuca, quienes son primos hermanos con mí Papá y mí tío Tavo.

Mí abuelito Jesús tuvo de hermanos a Pedro, Pablo, María, Teresa y Ramona. Yo pude conocer solo a mí tío Pedrito y a mí abuelita Ramona.

Por un tiempo muy largo, la tía Teresa se hizo cargo de mí Papá, mí Tío Tavo y mi tío Rogelio a quien ellos veian como hermano.

Pepe.


La Entrañable Familia del Norte

Cuando murió la tía Teresa (ella nunca se casó), la tía Ramona se hizo cargo de Jesús (Chuy) y Octavio (Tavo). (Los abuelos Jesús y Elisa se divorciaron cuando Chuy tenía cinco años y Tavo tres). Esa es una de las razones por la que ella siempre funcionó como la abuela de nosotros.

Así que Rogelio, que era el menor, creció con ellos. Mi papá lo quería y protegía mucho. Rogelio era muy enfermizo y en una ocasión se enfermó de muerte y mi papá le salvó la vida. También lo salvó de un intento de suicidio (eso me lo contó Rogelio muchos años después).

Cuando mi mamá se casó con mi papá y se fueron a vivir a Juárez, Rogelio la acogió con mucho cariño y lo mismo mi mamá a él. Años más tarde cuando empezaron los problemas matrimoniales, Rogelio se convirtió en “el paño de lágrimas” de mi mamá. A su casa íbamos a dar cada vez que había problemas.

Pero también íbamos nada más a visitar. Ahí vimos cómo se mataba a los puercos para después hacerlos chicharrón. Compartíamos de la comida rica que cocinaba mi tía Berta, su esposa. Y sólo por ser los sobrinos consentidos, nos permitía, de vez en cuando, estar en esa sala pulcra que mantenía mi tía Berta y a la que casi nadie entraba.

La abuelita Ramona vivía cerca de la familia y ahí íbamos muy a menudo. De ella nos llegó la tradición de las tortillas de harina. Nos encantaba ir a su casa a que nos hiciera tortillas de harina. Es la receta que le pasó a mi mamá y de ella al resto de nosotras.

Tenía una máquina de coser y a veces nos hacía ropa. Me acuerdo de un día que a María y a mí nos regalaron unas muñecas, se las llevamos a la abuelita para que les hiciera ropa y salimos con ellas muy ajuariadas.

Una nota curiosa es que la tía Cuca, como algunas de la familia en Juárez, siempre andaba de pañoleta, y como esa familia era muy blanca, ella parecía menonita.

La familia del tío Tavo y la tía Licha, fueron como nuestra segunda familia.

Ella fue la que introdujo a mi mamá al protestantismo y a los evangélicos. Con ellos aplaudíamos juntos en la iglesia. Menos con el tío Tavo, él decía que con los cristianos no se juntaba porque se los comían los leones.

Cuando nos fuimos para Morelia, la relación estrecha continuó, por eso ven las fotos de Rogelio y su familia visitándonos, así como el tío Tavo. Esto es en el tiempo en que viajar del norte al sur era como ir ahora a Europa. Y de gente que jamás salía de Juárez.

Mi Tía Berta Ornelas (esposa de Don Rogelio Lazo), Amalia, Teresita Lazo (hija de Rogelio y Berta), La Chata y Amalia Jurado (madrina de Victor)


Para el último viaje de Rogelio y Berta a visitarnos ya lo hicieron a México, D.F. Coincidimos nosotros de Estados Unidos con ellos ahí. En ese entonces, la bebita de la familia era Carolina.

Después ya no pudieron regresar porque Rogelio se la pasaba con diálisis.

Muchas de las vacaciones de Teresa, Chata, Pepe y María, las pasaban en Juárez. Rogelio se encargaba del pasaje y de su estancia allí. Cuando regresaban de ahí, venían cargados de regalos y ropa (de la tía Licha) para nosotros.

Después ayudó a mi mamá teniendo a Víctor, en un tiempo, y después a Ramón y Chito en su casa, dándoles casa, abrigo y educación.

Hasta Teresa y Juan fueron a dar ahí con Norma y Marcela. Ahí nació Morelia (a propósito, en el mismo mes en que yo regresé para celebrar mis 15 años). Rogelio rentaba algunas viviendas y ellos vivieron gratis en una de ellas.

Con la tía Licha es con quién se fue Chata cuando se embarazó de la Ari. Ella se encargó de su sustento, su apoyo moral, y todos los gastos relacionados con el embarazo y el parto.

En cuanto al abuelo, desde que murió mi papá hasta que él mismo falleció, siempre se hizo cargo de pagar nuestras rentas. A veces no teníamos ni para comer u otros gastos, pero la renta nunca nos faltó. En su testamento nos dejó un poco de dinero con el cual amueblamos la casa de Padre Lloreda.

En los años antes de morir Rogelio, cuando ya se fueron a vivir a El Paso, a menudo me llamaba, decía que su mayor deseo era el volvernos a ver. Me contaba muchas cosas sobre mi papá y la persona tan especial que él había sido, así como su vida trágica.

De los Contreras heredamos la generosidad, la franqueza, el hablar sin rodeos, y el comportarse sin hipocresías. Es nuestro lado norteño.


Yolanda