Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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lunes, 22 de agosto de 2011

Nuestros Viajes por el Mundo - Asia




23. La India

Agra

Importante ciudad ubicada a orillas del río Yamuna, al norte de la India. Nudo ferroviario y centro comercial e industrial de la región agrícola circundante.

El viaje de Delhi a la ciudad de Agra lo hicimos en autobús.
En el trayecto, como de 180 kilómetros, fue muy interesante y les voy a decir los por qué: la carretera es muy angosta y accidentada por las curvas y los voladeros que caían a despeñaderos casi en forma vertical a ríos caudalosos o lagos apacibles. Una vez que sorteamos esas montañas o cordilleras, luego de atravesar un poblado grande que no anoté su nombre, el autobús transcurrió por una gran sabana. La carretera, bordeada de árboles frondosos, nos dio la maravillosa oportunidad de ir admirando parejas de pavor reales con plumajes verdes y azules. Mis compañeros de viaje, Rosita y yo estábamos deslumbrados porque vimos pavos machos luciendo una cola como de dos metros de largo. Como si esto fuese poco, vimos pastores arriando camellos y domadores con una pareja de elefantes con su cría. Todo un espectáculo por extraño para nosotros.

El pavo real es emblemático de la India, de manera que su captura está prohibida.

Llegamos anocheciendo a la ciudad de Agra. El guía (la Agencia de Viajes) nos hospedó en un palacio divino, construido únicamente en planta baja. Nos tocó una habitación soberbia. Hasta el día siguiente nos percatamos, corriendo las cortinas del ventanal, que daba a un jardín precioso, en el que iban y venían las parejas de pavos reales. Rosita y yo nos sentíamos como adentro de un cuento de hadas.

El guía nos indicó que el desayuno se serviría a las 8 de la mañana, por lo que nos iban a llamar a las 6:30. El comedor era un salón, a mi parecer, exageradamente decorado. Nos colocaron en una mesa con 4 comensales. Yo pedí un buen plato de corundas con chile y crema, aparte un plato de frijoles de la olla con cilantro y cebolla picada, ah, y una cheve. Jeje, no se crean, es una broma. El desayuno de estilo buffete.

A las 10 en punto nos dirigimos a admirar una de las obras de la arquitectura más célebre del mundo. Ruth y Rosalía, mis hijas, estuvieron allí: El Taj Mahal.

A esta ciudad acude el turismo internacional sólo para admirar este mausoleo.
Construido en 1632, en mármol blanco con incrustaciones de piedras preciosas (se desconoce el nombre del arquitecto) por el emperador mogol Sha Jahan, en honor de la preferida de sus esposas, Arjumand Banu Begam (mejor conocida con el mote de Mutaz Mahal), que murió en 1631 al dar a luz.

Recibe al visitante una enorme puerta que, al franquearla, se topa uno con una vista del entorno sencillamente espectacular, en cuyo centro se sitúa un estanque como de 50 metros de longitud, hasta muy cerca del edificio principal.

En la primera plataforma, justo enfrente del estanque, se dejan los zapatos para ingresar a un podio cuadrado con minaretes en cada esquina. Esta es la planta principal del impresionante edificio.

En el interior del mausoleo, que es octogonal, se ubican los cenotafios, de construcción rectangular (como un cajón) en el que no reposan los restos del Sha Jahan y de Mutaz Mahal.

La tumba, propiamente dicha, con una cúpula (domo) de más de 73 metros de altura (más alta que la catedral de Morelia) está decorada profusamente con inscripciones coránicas y relieves escultóricos muy complicados labrados en el mármol con piedras semipreciosas. A la enorme cúpula la rodean 7 cúpulas visiblemente más pequeñas, dándole al mausoleo un bello equilibrio arquitectónico.

El área del edificio y los jardines ocupan un frente de 300 metros y un fondo de 220. Los minaretes, en las esquinas del edificio, son los segundos más altos de la India.

A espaldas del Taj Mahal, discurre apacible el río Yamuna. A lo lejos se alcanzan a ver otros palacios no menos interesantes.

En el área alrededor de la construcción principal y del estanque, están los bellos jardines, mezquitas -donde oran los musulmanes- y las tumbas de las demás esposas del emperador mogol.

Lo que vi en la ciudad de Agra fueron carretas tiradas por camellos, elefantes, vacas por doquier, comercios mil, chiquitos (como de un metro cúbico, en el que se venden polvos) y grandes, enormes cartelones anunciando películas, aglomeraciones de gentes y pordioseros. Me llamó poderosamente la atención que las calles eran de terracería.

En este palacio había un mostrador –escaparate- con joyería. A Rosita le compré un prendedor circular cuajado de piedras preciosas muy chiquitas: lapislázulis, esmeraldas, turquesas, diminutos brillantes, agua marinas, topacios y no sé qué otras piedras preciosas más.

La India es otro mundo.



Jaipur


Kajuräho

En esta ciudad nos hospedaron en el Hotel Imperio, bonito pero austero. Volamos de Agra a esta ciudad. Todavía teníamos en la memoria los soberbios palacios vistos en esa ciudad, sobre todo el Taj Mahal.

Cuando bajamos del autobús para ingresar al hotel, nos recibieron afuera del lobby, dos lanceros de bengala montados en un enorme elefante y un hermoso camello. Todos ellos -lanceros y animales- elegantemente ataviados.

Junto al mostrador de la administración del hotel, había una escalera al primer piso ligeramente en curva. Justo debajo de la escalinata, los empleados del hotel tenían un altar con su respectivo dios (en la India existen millones de dioses y millones de altares). Me intrigó que los bell boys y una señora de limpieza, le hicieran reverencias al dios que Rosita y yo aún no lo habíamos visto. Nos metimos al bar a tomarnos una cerveza, pero yo estaba con la tentación de ver cuál era el dios que veneraban. Al ir a ver debajo de la escalinata, jajajaja, nos llevamos el chasco de nuestras vidas, en el suelo había una porción de heno, veladoras en vasos de distintos colores, foquitos navideños, serpentinas y al fondo un gran retrato de una dama de pie muy elegante, y en el centro un falo como de 70 cm de alto demasiado grueso, tanto, que el falo se veía achaparrado. Ése era el dios que veneraban estos ingratos.

El guía nos llevó a conocer los templos eróticos. Alrededor de las “torres” que terminan en punta, están esculpidas figuras (parejas) como de 50 centímetros, en distintas posturas del mengache. Las bromas de nuestros compañeros de viaje se presentaron de inmediato. En el interior del templo, lo mismo de siempre: changos hijos de la chingada y una horda de cucarachas grandotas. El interior está recargado de alegorías que rodean a un Buda con prominente panza y enigmática sonrisa.

Nos invitaron a un taller de orfebrería muy grande. La calle en la que se ubica dicho taller, no sé por qué, pero se me a figuró la calle 5 de Febrero donde viven Rosa y Jaime.

Los maestros orfebres tallan las piedras preciosas con cuidado y pulcritud, principalmente el diamante y la esmeralda (en la India hay mucha esmeralda y rubíes). En el local donde se venden las joyas cuentan con escaparates y aparadores para exhibirlas. Los precios me parecieron muy accesibles, pero no viajo con la intención de comprar joyas por muy baratas que sean.

Mañana, después del desayuno, Volamos a Varanasi.



Delhi


Nueva Delhi


Varanasi (Benarés)

Rogelio Montaño