danzón dedicado...
Cuando el hombre trabaja, Dios lo respeta,
mas cuando el hombre danza, Dios lo ama
mas cuando el hombre danza, Dios lo ama
Arriba... Diosito y sus arcángeles viendo cómo arreglarán este mundo loco lleno de guerras y desempleos... ¿tantas oraciones los habrán puesto por fin a chambear?y abajo, en el piso más pisado de toda la colonia Obrera, suavemente se agita una amante muchedumbre. Son los danzoneros.
La calle se ha ido quedando quieta. Es domingo, dieron ya las ocho de la noche y los ciudadanos del Colonia llegan temprano, No siempre son amigos, pero invariablemente resultan cómplices, y como tales cruzan la cortina negra que separa al Salón Colonia del resto del universo, nadie lo dice, pero todos son sabedores de que la vida sin baile nomás no es vida, y que a un lugar como éste sólo se viene a girar, y a nada menos, con el aplomo de quien podrá no ser dueño de su futuro, ni de su destino, ¿pero qué tal del instante?
Al grito de “Heyyyy familiaaaa, danzón dedicado a los gentiles bailadores y damitas que les acompañan...” grito, que yo siempre creí que era de comercial de radio, y no... ¡es real!
a ver... a ver Judith, describe con paciencia... ah no, que era “con ciencia”... qué poner, qué poner:
ah si: “Estamos en el salón Colonia... y... y... es un espacio diseñado para la recreación colectiva a través de la expresión corporal... un lugar en donde los asistentes aprenden y reproducen determinados patrones de movimiento y en esa medida constituyen un medio de comunicación... y... y... Por lo general las parejas bailan muy pegados y sacrifican la velocidad por el estilo. El movimiento debe ser muy sutil y sin un gran desplazamiento en la pista. Los exagerados dicen que una buena pareja de danzón debe ser capaz de bailar en el área equivalente a una moneda de centavo... y ... y ... tenemos que los viejos salones de la ciudad han sobrevivido al embate de la modernización durante cuatro decenios debido a la existencia de grupos de bailadores que ahí siguen recreando una práctica cultural que, además de ser para ellos un importante eje identitario, se ha constituido en una tradición... y... y... dicho así: ¿a quién fregaos le interesa?”
Hablo con varios y varias (bailarines eternos) de la tercera, cuarta y quinta edad... lo que escuché ya no era un acto de recordación, sino de arqueología espiritual
Y preguntando, preguntando, para que nos fueran contando la historia del monstruo en que nos habíamos ido a meter. Supimos que ya hay sólo tres salones de baile en la actualidad: el Colonia que empezó a operar en 1922 en la colonia Obrera, Los Ángeles construido en 1937 en la Guerrero, y el California Dancing Club inaugurado en 1954 en la Portales. O sea que estábamos dentro del más viejito!!!
El arribo del danzón a tierras mexicanas se dio desde Cuba a través de la península de Yucatán, Posteriormente el danzón llegó a Veracruz, en donde a diferencia de Yucatán, todavía es un elemento vivo y activo de la vida cultural del pueblo jarocho. De Veracruz el danzón emigró a la ciudad de México donde ha evolucionado a lo largo de los años, manteniéndose vigente y en el gusto popular, alimentando la historia cultural de México en sus salones de baile...
Quedamos entonces que en 1922 fue inaugurado, con la debida pompa y circunstancia, y 81 años mas tarde, una alegre tropa de etnólogos, debutamos en esa pista... primero en plan de etnógrafos y después... en plan de Travoltas náhuatlatos
veo a las parejas bailar, detenerse, escuchar la música, mirarse a la cara, sonrisas y complicidades, bailando (no,no,no, yo digo “traspirando” “viviendo”) un danzón: baile que surgió entre 1850 y 1870, Género derivado de la danza y la contradanza, mezclando estos bailes de salón criollo con los influjos ya mestizos del son... y que ha sobrevivido y se ha retomado, porque existe la necesidad de volver al baile de pareja enlazada y establecer un vínculo entre dos...
Hablo con varios y varias (bailarines eternos) de la tercera, cuarta y quinta edad... lo que escuché ya no era un acto de recordación, sino de arqueología espiritual
Y preguntando, preguntando, para que nos fueran contando la historia del monstruo en que nos habíamos ido a meter. Supimos que ya hay sólo tres salones de baile en la actualidad: el Colonia que empezó a operar en 1922 en la colonia Obrera, Los Ángeles construido en 1937 en la Guerrero, y el California Dancing Club inaugurado en 1954 en la Portales. O sea que estábamos dentro del más viejito!!!
El arribo del danzón a tierras mexicanas se dio desde Cuba a través de la península de Yucatán, Posteriormente el danzón llegó a Veracruz, en donde a diferencia de Yucatán, todavía es un elemento vivo y activo de la vida cultural del pueblo jarocho. De Veracruz el danzón emigró a la ciudad de México donde ha evolucionado a lo largo de los años, manteniéndose vigente y en el gusto popular, alimentando la historia cultural de México en sus salones de baile...
Quedamos entonces que en 1922 fue inaugurado, con la debida pompa y circunstancia, y 81 años mas tarde, una alegre tropa de etnólogos, debutamos en esa pista... primero en plan de etnógrafos y después... en plan de Travoltas náhuatlatos
veo a las parejas bailar, detenerse, escuchar la música, mirarse a la cara, sonrisas y complicidades, bailando (no,no,no, yo digo “traspirando” “viviendo”) un danzón: baile que surgió entre 1850 y 1870, Género derivado de la danza y la contradanza, mezclando estos bailes de salón criollo con los influjos ya mestizos del son... y que ha sobrevivido y se ha retomado, porque existe la necesidad de volver al baile de pareja enlazada y establecer un vínculo entre dos...
observo y percibo un gran erotismo contenido, en el que la pareja siente a profundidad, pero lo manifiesta de una manera sutil...
”eso es el amor”... pienso y me digo: “yo me enamoro para siempre y no para tiempos escritos. Siempre habrá un danzón pendiente en Mocambo... Siempre lo habrá...”
y al final, si, bailé, no bailé mucho porque bailar es una actividad muy exigente que impide mirar, recordar, entristecerse y experimentar una especie de síndrome de “Susanito Peñafiel” cuando contempla cómo el México de sus recuerdos va desapareciendo cual si fuera pintura de agua en el agua... bailamos juntos la etnia de antropólogos, a veces con nuestros pares de pies izquierdos y a veces, los suertudos, acompañados de los entrenados viejos lobos de mar del Colonia...
Las mujeres del Colonia, no bailan con cualquiera, eso lo vimos... Pedro, un antropólogo de 2 pies izquierdos, se sintió al calor de la música “mas bonito que ninguno” y nomás dijo “Orita vengo” fue a sacar a bailar a una bella septuagenaria que estaba moviendo el abanico en una de las bancas...y regresó en calidad de mosca con trapazo “me dijo que no porque yo no sabía bailar”
Rosalía, es una compañera que tuvo en su niñez Poliomelitis y se acompaña de un bastón para caminar... estabamos sentadas anote y anote, observe y observe... en la pista hay un viejo bailarin, creo que es el mejor de todos, la gente le hace rueda cuando baila, danzonero de corazón, el ha visto a rosita y ha adivinado sus ganas de bailar... se acerca y le tiende la mano a una Rosa que no lo puede creer... y le dice "“Ud no se preocupe, vamos a bailar y no la voy a lastimar... Ud confíe en mi...” y diciendo esto Rosita me pasó su bastón, el cual a su vez yo se lo pasé a la Licha quien a su vez se lo pasó a Songo y songo se lo dio a morondongo y morondongo a bernabé y este a muchilanga y a burundanga... total, ¡qué importaba el mundo si una colega estaba bailando con el mejor!
Saben ustedes la definición de la felicidad? Era el rostro iluminado de una flor que jamás había bailado danzón... (ya después nos dimos a la tarea de descifrar el acertijo del “donde quedó el bastoncito”... antes de que nos persiguieran con el mismo, pa nuestro “merecido”)
Todavía hoy, nomás de acordarme, miren cómo me pongo.
...cómo me hizo falta el David, que solía ser mi pareja de baile en los zapateados huapangueros de Xichú... era cosa de que nos plantaramos en el tablado y ¡no nos veían ni el polvo! o..mejor dicho..no nos veíamos del polvo que levantábamos con nuestra técnica de zapateado “matando la cucaracha voladora”... qué tanto es tantito... hubieramos sacado, de tanto ver, los pasos del baile, los compases que se deben seguir, los momentos en que se detiene el baile y la postura que se debe tomar para ejecutar el danzón de la forma correcta... que tanto es tantito...
llegar al danzón “Juárez” nos llenó de emoción... aprende cómo va... a ver, no te salgas del cuadrito imaginario...un-dos, un-dos-tres... ”Juareeeeez, no debió de morir, AY de morir... si Juárez no hubiera mueeeertoooo ” **pausa*** y todos (bueno, nosotros los etnógrafos que somos re-nacos) contestamos casi desgañitados “TODAVÍA VIVIRÍA”
¡cha-chan!
Silencio breve y regresa la cadencia, y vuelven los pies a flotar... En el espacio sin tiempo del Salón Colonia, donde no hay mayores protagonistas que los ojos ni mejores amantes que las pantorrillas
el salón mas me parece a mi un enorme bodegón... a la entrada hay dos altares uno a la izquierda y otro a la derecha, con sus veladoras y entras y es austero, muros y columnas que, como sus diablos, se debaten entre el rosa y el dorado; arpas esculpidas sobre las paredes, largas bancas anaranjadas, todas pobladas de mujeres que sólo esperan el momento de volver a girar; balcones, mesas, meseros que se han pasado la vida viendo a parejas bailar, entre aplausos a los músicos y viajes a la mesa...no hay mas que pista y el estrado para las orquestas (danzoneras, les llaman) Sin embargo, la música es la mejor decoración de todas.
En el estrado se dieron turnos a mas de 4 danzoneras y en la pista había una vasta asamblea de todas las etnias, de todas las edades y de todas las condiciones sociales de México. Así como lo vi, ahora digo que en el principio fue el danzón y aunque los ritmos y las modas vayan y vengan, al final, el danzón siempre vuelve a imponerse. Y ahora digo también que ya no conozco otra música más bailable y cadenciosa.
¿Bailadores? Al principio parecía que habíamos entrado en una asamblea de viejitos, yo pensaba en las osteoporosis y las artritis que estaba viendo pasar frente a mi,”si este hombre sale entero de aquí... me cae que me tiño el cabello de verde fosforescente”... poco a poco fuimos viendo que ese fuego, el que obliga a los tobillos a seguir una traslación interminable, no se halla en la pelvis, sino más adentro.
en el reino del danzón, las apariencias como la juventud y la belleza física, han sido suplidas por el encanto de lo permanente... paso a pasito, sale la belleza escondida, las inconfesables asimetrías, y se hacen transparentes y en un instante, cuando los metales de la orquesta traspasan como agujas la piel de la emoción, se puede asegurar que bailar el danzón, dejarse embrujar por él, es cerrarle las puertas a toda fealdad,
Todo esto pasó, o tendría que haber pasado, pero en mí, lejos de pasar, permanece...como historia de amor interminable... como el deseo... como un buen danzón, que, al igual que toda historia de amor que se precie de ser cierta, insiste en ser asunto de dos, y de nadie más...
Judith
Judith
