lunes, 16 de enero de 2012
Insensible
sábado, 6 de septiembre de 2008
Tío Rodolfo
Don Rodolfo Bustos ValenciaNunca vivió su vejez
Cuando llegamos de Juárez a Morelia (1956), nos quedamos a vivir en la casa de mi tío Ramón. Allí vivía mi tío Rodolfo, quien se había separado de mi tía Lupe y acababa de tener una embolia que lo dejó paralizado de la mitad de su cuerpo. En ese entonces calculo que tendría unos 39 años de edad.
Lo que más resalta en mi memoria es la personalidad tan tranquila que tenía.
Ahora me pongo a pensar en su situación tan triste y trágica de ese entonces: Alejado de sus hijos, imposibilitado para trabajar, tener que depender de la caridad de su hermano y, algo muy doloroso para él, no poder volver a tocar su amada guitarra.
Nos contaban mi mamá y los tíos que Rodolfo había sido un magnífico guitarrista y cantante, así como compositor (algo de sus genes heredó Ramón). Había una foto de estudio suya en la pared tocando la guitarra ¡Parecía artista de cine! De hecho, muy del tipo de Jorge Negrete, pero más guapo.
Lo que también se le notaba, era un deseo tremendo de rehabilitarse (cosa que no pasó con la tía Chucha). Todos los días, fielmente hacía sus ejercicios. Y cuando nosotros llegamos, los pequeños le servíamos de sus pesas. Nos sentaba en sus piernas y él levantaba la parte posterior de su cuerpo. A nosotros nos encantaba hacerlo porque, aparte de sentirnos como un instrumento muy importante para que él se sanara, durante la sesión terapéutica nos contaba chistes y a veces nos cantaba canciones.
Como su única distracción, yo lo veía jugar ajedrez (¡otra vez, Ramón!). Un año después, algunos de nosotros nos fuimos a Uruapan al internado. Como dos años después (según me acuerdo), mi mamá nos dijo que mi tío había muerto (parece que le dio una embolia masiva en la calle).
Yo le pregunté a mi mamá que si había podido volver a caminar bien. Me dijo que no. Lloré de tristeza.
Yolanda
Insensible
Me hicieron insensible
tus falsos juramentos,
me hicieron insensible
a la angustia y dolor.
Ahora nada me importa
ni falso amor ni envidida,
ahora vivo la farsa
que tu amor me enseñó.
Fingiendo me enseñaste
mostrarme indiferente
a las huellas que deja
una desilusión.
Vivo de la mentira,
del amor de otros besos,
porque soy insensible
a la fatalidad.
Rodolfo Bustos Valencia
