Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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lunes, 18 de agosto de 2008

si, pero cómo no...

que no se diga que en los grandes eventos no hay un digno representante Contreras dando fe de su paso por este mundo.

(con la flecha me ubicarán, jajajaja)
judith


"...La cita era a las 4:30 de la madrugada del domingo 6, innumerables filas serpenteaban por las calles de Madero y 16 de Septiembre, mientras el eje central sufría un tránsito que asemejaba las horas pico de un día laboral, todos bien despiertos y a la expectativa ¿podrá ser esto posible? Ríos de gente que llegaban caminando en sentido contrario de los que apenas iban saliendo de los antros de la zona “carnal, estos güeyes son los que se van a encuerar” “pinches mojigatos”

Reporteros y camarógrafos entrevistando a quienes se habían desmañanado para vivir una experiencia sui generis. Incluso un club de nudistas repartiendo volantes “después de la foto de Spencer, los esperamos a la reunión NUDISTA. Costo $180, vamos a estar atrás de la Catedral y a un lado del Templo Mayor” (sic) o los de un proyecto artístico “que experimenta el poder poético y perturbador del cuerpo desnudo en el contexto de lo público”(sic) invitando a unirse.

Todos con nuestra hoja de registro en la mano tomamos nuestros lugares en filas que se dirigían hacia un lado y que luego iban cambiando de ubicación. La fila comenzó a avanzar apresuradamente hacia la plaza mayor a partir de las 5:00 horas, los encargados de la organización y la logística nos indicaban donde colocarnos mientras esperábamos el momento en que Spencer Tunick saliera a dar las instrucciones.

Acomodados de manera provisional, alrededor de la plancha del Zócalo, nos indicaron que ahí sería donde dejaríamos nuestra ropa misma que quedaría bajo resguardo de los colaboradores del fotógrafo. El frío comenzaba a sentirse, gente que iba en grupo, en pareja, en tríos o de manera solitaria, nos mirábamos unos a otros cómplices de algo de lo que nadie estaba seguro cómo iba a resultar.

Aparece Spencer Tunick y da las gracias a los asistentes, mediante un intérprete que debió haber tomado sus cursos de inglés por correspondencia: malo, malo; y un sonido que también dejaba mucho que desear.Comienzan las instrucciones: Spencer Tunick me quiere gobernar y yo le sigo le sigo la corriente, que póngase de pie, y me pongo, salude a la bandera, y la saludo, que acuéstese en el suelo y me acuesto, que pónganse en cuclillas y me pongo. Ya estaban las instrucciones dadas y comenzaba la carrera contra la luz del sol.

“Uno, dos, tres, todos a la plancha” resuena en el megáfono, “México se desnuda” y hasta entonces queda claro que la cosa iba en serio, comienza la gente a despojarse de su ropa y de paso de todo lo demás, miradas de reojo, para cerciorarse de que el vecino está haciendo lo mismo, caen blusas, playeras, pants y calcetines. Termino de desnudarme y al levantar la cabeza: la mirada se poso de manifiesto en una fiesta de piel que corría hacia la plancha, la belleza del cuerpo humano y la ubicación de todos esos cuerpos desnudos en un ámbito tan hermoso como es el Zócalo.

Todos participando de la misma hermosa prueba de desinhibición y reafirmación de la idea de que el cuerpo humano es bello y que con éste se pueden hacer composiciones artísticas extraordinarias, una afirmación del propio cuerpo, del valor de la carne en el mero centro de la Muy noble, Muy Leal y Muy encuerada Ciudad de México.

Cada era estética tiene sus clichés, modas pasajeras y extravagancias, el desnudo masivo es indefinible, pues al estar todos juntos y revueltos nos despojamos hasta del erotismo, desapareció ese cristal de tono morboso y quedamos puros seres humanos mostrando toda la fragilidad y vulnerabilidad que nos hermanó y nos protegió de unos contra otros.

Mientras el frío traspasaba a través de los pies, aguardamos sin pensamientos, las ordenes: la primer postura: parados dando la espalda al palacio nacional, y el silencio sagrado, mientras se tomaba la impresión, después improvisó la misma postura pero haciendo el saludo al asta sin bandera; Tunick ni lo imaginaba, pero los mexicanos sabemos de la carga que esos detalles adquieren en este país de las formas y el protocolo, pues en ese momento, ni eso nos importaba, la siguiente postura consistió en colocarse acostados con la cabeza apuntando al asta bandera, la desnudez nos puso en igualdad de condiciones, recostados en un espacio en el que las miradas se posaban sin mayor agresión; donde no importaban las “llantitas”, estrías, cicatrices, amputaciones o la participación desde una silla de ruedas, acostados sobre el piso helado con la vista al cielo azul pálido, mientras cruzaban parvadas haciendo sus rondines. Y ahora todos en cuclillas y posición fetal apuntando las cabezas (que no las nachas) a la Catedral. , “a ver cuándo vuelves a venir, Cabrón” le gritaban cuando ya llevábamos una eternidad en esta postura y no terminaban de tomar la foto; en posición fetal frente a la catedral, ya tan solo con esa posición quedamos libres de arder en el averno, eso si la Santa Sede no decreta su desaparición como recientemente lo hizo con el "limbo".

La siguiente instrucción fue caminar hacia la calle de 20 de noviembre. Y comenzó el éxodo de cuerpos reales trasladándose: tatuajes, perforaciones los sitios mas y menos imaginados, cicatrices, pieles de diversas texturas y matices, cuerpos reales, sin retoques, aplausos al paso de un hombre en silla de ruedas, parejas de ancianos tomados de la mano. Brazos arriba, derecho, izquierdo, el otro izquierdo, dedos y puños, sonrisas y cánticos.

“¿Por qué viniste?” “Porque nunca me he desnudado en el Zócalo” “es que esta vivencia no me vuelve a pasar en la vida”.

Hasta aquí la parte fácil. Tal como lo anunció Spencer (ya para ese entonces lo tuteábamos y pedíamos que se encuerara) la sorpresa de la mañana fue la toma sólo con mujeres. Este debería ser el tema del desnudo más hermoso de la historia de México. Mas, hubo un error de cálculo en el artista: Hasta ese momento, lo único que lastimaba era el viento y el pavimento de la plancha del zócalo, que enfrió las espaldas y dejó marcas en las rodillas y en los muslos. Nos dividieron: los hombres a vestirse y las mujeres hacia Palacio Nacional, desnudas. Fue la tercera y última locación elegida, pero esa división hombres-a-un-lado, mujeres-posando rompió la magia que había llenado la plancha durante más de una hora.

Al tener la ropa puesta, los hombres pusieron fin a lo lúdico y el respeto para transformarlos en otra cosa, se vistieron de ese poder mal entendido. La camaradería entre géneros desapareció en un parpadeo. La tranquilidad de las mujeres desnudas se convirtió entonces en ira y miedo.Permanecimos en la locación mientras Tunick nos suplicaba comprensión y se paseaba entre nosotras para tratar de calmar la histeria que amenazaba en hacerse colectiva, lo que Tunick nunca supo, es que varias ya no querían posar pero permanecieron en sus lugares nada más por no caminar solas hacia la masa de hombres.

Afortunadamente, entre los mismos participantes hombres hubo quienes aun seguían desnudos, aunque estuvieran vestidos e hicieron una gran valla de contención para dejar pasar a las mujeres que corríamos, al finalizar la foto, a buscar nuestra ropa, y nos daban la espalda vestida a manera de respeto y aplaudían el valor.

Spencer Tunick ya tiene su material. Los partidos tienen sus prejuicios, los medios tienen sus opiniones pero nosotros nos quedamos con la libertad, para algunos tan anhelada, en una ciudad que tiene que despertar..."

Judith Bravo