Cuando yo tenía 16 años me prestaron un disco que era una recopilación de éxitos en inglés. Cuando lo escuché por primera vez me impresionó una canción en especial. Era una melodía deliciosa que cantaba un grupo totalmente desconocido para mí. Recuerdo que me aprendí la canción y las armonías y me gustaba poner el disco y cantarlo haciendo cada una de las voces y me imaginaba en un escenario con mis hermanos cantando esta tonada específica. Nunca se la hice escuchar a nadie y un día, fatalmente, hube de entregar el disco a su dueño y nunca más lo volví a escuchar. La canción quedó grabada en mis emociones profundas y un buen día fui a buscarlo a la tienda de discos especializada en música nueva allá en Morelia (rock en inglés) y me acerqué a la muchacha que despachaba en el mostrador y le hice la pregunta: "¿Tienen discos de Los Cantantes de Pozo Seco?" La chica ésta se me quedó viendo desconcertada y con cara de "estechavotienepedosgraves" y, aguantado la risa, me dijo que no. La seguí buscando por mucho tiempo hasta que me convencí de que había sido una alucinación y que era una quimera rayana en la necedad querer localizar un disco de un grupo en inglés con ese nombre. Cuando conocí las facilidades que otorga la Internet me di a la tarea de buscarla con tan malos resultados que hasta la encontré con Elvis Presley, Tom Jones, Aretha Franklin y me di cuenta de que es una canción que han grabado todos los cantantes y los grupos importantes. Y cómo no, si es bellísima. Y pues nada, que en una de mis frecuentes navegaciones aleatorias... ¡ZAZ! aparece de pronto la grabación de mis obsesiones juveniles. Ni hablar... tengo que agradecer que existe alguien más fanático que yo y que es capaz de subir estas cosas en la red.
Cuando yo tenía 16 años me prestaron un disco que era una recopilación de éxitos en inglés. Cuando lo escuché por primera vez me impresionó una canción en especial. Era una melodía deliciosa que cantaba un grupo totalmente desconocido para mí. Recuerdo que me aprendí la canción y las armonías y me gustaba poner el disco y cantarlo haciendo cada una de las voces y me imaginaba en un escenario con mis hermanos cantando esta tonada específica. Nunca se la hice escuchar a nadie y un día, fatalmente, hube de entregar el disco a su dueño y nunca más lo volví a escuchar. La canción quedó grabada en mis emociones profundas y un buen día fui a buscarlo a la tienda de discos especializada en música nueva allá en Morelia (rock en inglés) y me acerqué a la muchacha que despachaba en el mostrador y le hice la pregunta: "¿Tienen discos de Los Cantantes de Pozo Seco?" La chica ésta se me quedó viendo desconcertada y con cara de "estechavotienepedosgraves" y, aguantado la risa, me dijo que no. La seguí buscando por mucho tiempo hasta que me convencí de que había sido una alucinación y que era una quimera rayana en la necedad querer localizar un disco de un grupo en inglés con ese nombre. Cuando conocí las facilidades que otorga la Internet me di a la tarea de buscarla con tan malos resultados que hasta la encontré con Elvis Presley, Tom Jones, Aretha Franklin y me di cuenta de que es una canción que han grabado todos los cantantes y los grupos importantes. Y cómo no, si es bellísima. Y pues nada, que en una de mis frecuentes navegaciones aleatorias... ¡ZAZ! aparece de pronto la grabación de mis obsesiones juveniles. Ni hablar... tengo que agradecer que existe alguien más fanático que yo y que es capaz de subir estas cosas en la red.
Como verán, no tengo mucho que hacer, así que les comparto mi aportación a la próximas elecciones con mi versión de la conocida canción: JUAN CHARRASQUEADO.
Versión: QUIQUE EL CHAMUSCADO.
Voy a cantarles un corrido muy meneadooo, Lo que ha pasado allí en la Feria de la FIL, La triste historia de un pendejo enamorado, Que fue iletrado, mujeriego y trepador.
Enrique se llamaba, y lo apodaban chamuscado, Era ignorante y arriesgado en el amooor, A las mujeres más bonitas se llevaba, en su gobierno no quedaba ni una flor.
Un día domingo que se andaba acicalandooo, Allá en las Lomas le corrieron a avisar, Cuídate Quique de sueldos andan hablando, Son muchos votos no te vayan a faltar.
No tuvo tiempo de saber de las tortillas, Cámara en mano lo agarraron sin pensar, No soy señora de la casa les gritaba, yo soy buen gallo, Cuando un flashazo atravesó su copetóoon.
Creció hasta milpa con la lluvia en el librero Ya sus mentiras van volando al pedregal, Bonita prole llega hoy al votadero, ¡Qué buena silla se le acaba de pelar!
Ya las campanas del naco pueblo están doblando, Toda la prole envidiosa va a votar, Ya por el cerro pendejos en bola van bajando, Grita la Pau: ¡papi, te llevan a enterrar!!
En varias chozas poco humildes lloran niños, Y las mujeres lo denuncian y se van, Solo su madre lo consuela con cariño, Mirando al cielo llora y reza por el PRIAN.
Aquí termino de cantar este corrido, De un Peña Nieto, taradito y burlador, Que se creyó de las mujeres y del pueblo consentido, Que fue pendejo, mujeriego y perdedooor.
Les comparto con mucho gusto, y muy conmovida, esta maravillosa ária: Nessum Dorma (nadie duerma), del acto final de la ópera de Turandot, que nuestro entrañable amigo Mike, esposo de mi gran amiga Martha, desafortunadamente ya fallecida, canta con gran talento y sensibilidad y que, a petición mía, me envía para compartirla con ustedes en el Rincón. Como verán, aún con los años, Mike conserva una extraordinaria, hermosa y potentísima voz de tenor lírico.
Mike es todo un personaje, un día entre las múltiples chambas que ha tenido en su vida, decidió poner de plano un puesto de tacos en una esquina y venderlos por las mañanas y medio día. Déjenme decirles que él tiene una conversación muy ligera, entusiasta y agradable, así que con élla les hacía pasar un buen rato a sus clientes y, cuando estaba de vena, hasta se ponía a cantar a grito pelado ésta ária y otras bellas canciones. En una ocasión, pasaron por allí unos alemanes en auto y, ya se imaginarán que no lo podían creer, así que se detuvieron asombrados, solo para confirmar que se trataba de un mexicano, vendedor de tacos de canasta y también un gran cantante de ópera, cosa que el paradigma del mexicano de sombrero, no les permitía creer.
En muchas maravillosas tertulias que pasamos juntos, disfrutando de los grandes amigos que congregó nuestro corazón y el memorable Cachufás, Mike nos deleitaba con esta extraordinaria ária que nos llenaba de asombro y conmovía profundamente. Como sabemos, fue unos de los grandes éxitos de Pavarotti y ha sido cantada por los más grandes tenores de la historia de la ópera.
La historia de Turandot es extraordinariamente bella y simbólica, es de hecho, mi ópera preferida, tanto la música como la historia, les recomiendo buscar su argumento en la red para comprender en su contexto el tema y profundo sifnificado del ária, aunque con el canto es más que suficiente para conmoverse profundamente. Cuando tengan oportunidad, vayan a disfrutarla.
Como seguramente algunos saben, esta área también es importante para la familia pues, cuando niños, la cantaron nada menos que Vladimir y Mauricio (hijos de Isabel y Gume) y nada menos que en Bellas Artes. Ellos pertenecían al coro infantil de Bellas Artes, y cantaron la parte del coro, que en el libreto, se trata de las mujeres del pueblo, se esucha como fondo doliente en ésta ária, así que para todos tiene un hermoso recuerdo y significado.
Les comparto esta hermosa canción que Mike le cantaba a Martha y que le grabó a su muerte, con un profundo amor y sufrimiento. El estuvo enamorado de Martha desde su adolescencia, pero ella era mayor que él y, además, estaba casada. Totalmente enamorado, no le importó esper durante 10 años, hasta que ella se divorció, entonces se atrevió a declararle su amor. ;e recuerda el amor que narra García Márques en su novela, Amor en tiempos del cólera. Nunca había visto un dolor más profundo en un hombre como el de Mike durante la enfermedad de Martha, cáncer, y luego al perderla, a su muerte.
El me comparte:
"CUANDO GRABE ESTAS CANCIONES EL CORAZÓN LO TENIA EN LAS MANOS.
AÑO 2002 AHORA SIGUE AHI, PORQUE LO QUE INSPIRÓ QUE LO SACARA Y LO OFRENDARA DE ESTA MANERA, ES LO QUE MÁS HE AMADO EN LA VIDA."
Martha y Mike fueron nuestros vecinos en Santo Tomás por muchos años, así surgió una profunda amistad entre nosotras y luego con las parejas. Su muerte fue una enorme pérdida para todos los que la quisimos tanto.
Tal vez algunos de ustedes los conocieron. Recuerdo que cuando Peny vino a visitarnos por primera vez, iba a quedarse a dormir con ellos, pero al ver a Mike con su vozarrón y enorme barba, se asustó mucho y se regresó a la casa, ja ja.
Leyendo el relato de Chito sobre los Ibarra y escuchando la canción de Brenda Lee, se me vinieron a borbotones muchos recuerdos.
Yo ese disco lo escuchaba en la casa de Lerdo de Tejada. Lo podía escuchar una y otra vez, así como los discos de Ray Conniff, Louis Armstrong, Doris Day y otros más. Ahora, cuando de repente escucho esas canciones, me remonto inmediatamente a la casa de los Ibarra.
La canción de Brenda Lee favorita de mi mamá, era "Mi eco, mi sombra y yo". Una vez que vino a Estados Unidos a visitarme, me dijo "habías de buscarme esa canción, me habla directamente al corazón". Mi tío Alfredo se la había traducido.
En esos tiempos, aunque nosotros carecíamos de muchas cosas materiales, de una u otra manera las teníamos al alcance gracias a la bondad y generosidad de amistades y familiares.
La música en disco: a través de la maravillosa consola de los Ibarra, que en mi caso, Rosa se encargaba de ponerme los discos; la tele, con la siempre bondadosa Mayita Torres, acompañada de sus tacos de frijoles refritos en Coca Cola (nunca nos atrevimos a decirle que, por nosotros, podía dispensar de la Coca o que les pusiera un poco más de sal) así como el pan que nos sabía riquísimo. Cuando muy de vez en cuando iban otros niños del barrio a ver la tele, ella se esperaba a que se fueran para darnos algo de comer, así que no sólo veíamos tele, la veíamos acompañada de comida ¡qué privilegio!
De ahí que ahora podemos hablar con conocimiento de los programas de esa época. "La Ley del Revolver, Perry Mason, el programa de Discos Orfeón, Viruta y Capulina, etc". Víctor y yo nos apoderábamos de un tipo de pila, que había en el rincón de la sala que en realidad era para poner plantas, pero nosotros la hacíamos cama. A veces, a Víctor le daban el privilegio de sentarse en los sillones, que eran exclusivos para los adultos, los demás la veíamos sentados en el suelo. Generalmente, Víctor y yo, éramos los últimos que nos quedábamos a ver los programas de la noche, que por lo regular, eran policíacos. Y hacíamos el juego de adivinar “quién había sido, quién lo hizo”. Mayita ni siquiera ponía atención a la tele, básicamente la prendía para nosotros.
En ese entonces, María ya andaba noviando o buscando novio, entonces la tele no le importaba mucho. Ella era experta en el sonido que hacían los escapes de las diferentes motos de los muchachos que pasaban por ahí. “Esa moto es una Triunfo, esa es una Yamaha”. “Y ese es el menso del “Guarache Veloz”, que anda en una Islo, para ese no salgo a ver”.
El rico pan también lo recibíamos directa o indirectamente de mi tía Guille, porque a veces nos lo robábamos. Qué bueno que no éramos católicos, porque nos la hubiéramos pasado en el confesionario. Pero hasta ahorita, nada, pero nada, me ha sabido tan rico como me sabía el pan de la tía Guille, así como ese café con leche que no lo he podido reproducir.
De la tía Guille también heredamos un par de camas gemelas, que desgraciadamente venían con acompañantes. Una bola de chinches carnívoras que nos traían todo el día a Chata y a mí con unas ronchas y comezón estilo Job. Bueno, hasta de doña Matilde, la mamá de mi tío Alfredo, heredamos la “mesa del comedor”, me fascinaba que ésa tenía un cajoncito en el centro, en la que yo “escondía” mis tesoros.
En la casa escuchábamos la radio a través de un radio que nos había dado Laura, se le había caído el botón protector para prender y apagar y controlar el volumen, entonces había que agarrarlo con unas pinzas con cinta aislante en la agarradera para cambiarle, de otra manera te daba unos toques tremendos. Cuando me di cuenta de que daba toques, fui por Ramón y le dije “mira, tócale aquí”. Pero como yo carecía de los más básicos conocimientos de la electricidad, le agarré la mano para que lo hiciera, ¡y por allá fuimos a dar los dos!
En ese tiempo hacían en la radio concursos entre cantantes, el público llamaba por teléfono con sus votos. Cuando Teresa (ya casada) andaba por ahí, mandaba a Ramón para llamar con los pocos cincos que teníamos (dinero bien gastado porque oíamos la voz de Ramón votar por Alberto Vázquez en contra de Enrique Guzmán). Todos, incluyendo Teresa, brincábamos de gusto cuando ganaba Alberto (porque tenía “mejor voz”).
Laura era la que le prestaba a Chata vestidos y zapatos de fiesta cuando ésta los necesitaba para su vida social, y yo e Isabel heredábamos la ropa de Laurita y Meche.
Todavía hasta la casa de García Obeso, Laura nos prestaba sus sobrecamas y manteles cuando íbamos a tener algún tipo de fiesta o celebración. Ellas eran también las que contaban con trajes de baño, en aquél entonces, “prenda de vestir para gente rica”. En la foto donde estamos en Zinapécuaro, Pepe, Víctor y yo, yo traigo un traje de baño de Meche. A esas alturas todavía pedíamos prestada ropa de ellas.
Cuando vivíamos en Lerdo de Tejada, yo me encargaba en las mañanas de ir por el mandado al mercado del Santo Niño; comprar el pan y la comida del día. Un día, después del día de pago a mi mamá, fui por el mandado con $50 pesos. En algún lado perdí el billete, cuando iba a pagar por el pan, ya no lo traía.
Me regresé a la casa toda preocupada y acongojada. Estaba sentada en el quicio de la puerta llorando, cuando pasó Rosa y me preguntó qué tenía, le conté y me dijo: “no te preocupes, yo le digo a mi tía que a mí se me perdió para que no te regañe”. Lo que ella no sabía o entendía era que yo no lloraba por el miedo a la regañada, sino por el miedo a que la familia no iba a tener para comer el resto de la semana.
Después por ahí apareció una amiga de mi mamá de su juventud, Salud, se llamaba. Ella tenía una pequeña tienda de abarrotes por la Soterraña, donde también vendía pan. Cuando se dio cuenta de la situación de la familia, ofreció darnos gratis pan, leche y algo de abarrotes de su tienda. Yo iba por ese mandado. Cuando me encontraba amigos que vivían por allá y me preguntaban por qué iba hasta allá por el mandado, les decía que porque en esa tienda sabía más rico el pan. La hija de Salud era la secretaria de la escuela Cámara de Comercio, y gracias a ella fue que hice mis pocos estudios de comercio pagando un mínimo de la colegiatura. Y claro, ya he hablado antes que por la tía Lourdes que era la Madre Superior en el colegio Cázares, fue que varias de nosotras en la familia estuvimos en colegio particular sin pagar colegiatura. ¡Y no se diga de la comida que las monjas nos daban!
En las escuelas, por lo menos María y yo, nunca carecimos de amigas “disparadoras”. Así que en el recreo o a la salida de la escuela, comíamos de las chucherías que las demás compraban.
Las películas las podíamos ver porque mi mamá tenía una amiga que recibía los boletos en el cine Morelos, y otro amigo en el cine Colonial. Así que los días cuando no había mucho público, nosotros podíamos entrar gratis. Víctor y yo éramos expertos en películas. En aquel entonces no había pósters de artistas, entonces nosotros recortábamos las fotos de artistas que salían en las revistas y tapizábamos las paredes de nuestra recámara con esas fotos, y éramos la envidia del barrio por nuestra colección y porque mi mamá nos dejaba hacer eso con las paredes. Todavía me acuerdo de mi foto favorita, que era de Elizabeth Taylor vestida como Cleopatra. Eso tenía tanto valor para nosotros como ahora la galería de Pepe.
Y bueno, así fue como en el tiempo de Lerdo de Tejada, que se ha quedado como sinónimo de pobreza para nosotros, fue que esa pobreza se sintió menos o fue menos aparente. Gracias a la generosidad y buen corazón de mucha gente.
Recuerdo haber visto por primera vez su cara de niña buena en un disco que era la máxima sensación en la casa de mi tía Guille. Ellos siempre tuvieron una situación económica mucho más desahogada que la nuestra (lo cual era muy fácil dadas las apabullantes carencias nuestras.) Y así, un día apareció en su casa una hermosa consola estereofónica que destilaba melodiosamente la música que todos queríamos oir.
Me miraba de frente con una dulce media sonrisa en su carita regordeta y enfundada en un sueter de cuello alto, de un color rosa muy sutil, y unos pantalones estampados que parecía tener adheridos a las piernas. Era toda una paradojaescuchar esa singular voz de niña consentida narrando una soledad que sólo podía compartir con su eco y su sombra.
La riqueza de mi tía Guile y su familia iba mucho más allá de consolas y discos. Estaba anclada en un lugar muy profundo de su corazón y tenía mucho que ver con la bondad y la solidaridad. Mi tía fue, durante mucho tiempo, el apoyo incondicional que mi familia necesitaba desesperadamente y que ella nos ofrecía de manera natural a pesar de sus propias carencias y su muy numerosa prole.
A Brenda Lee la escuché por primera vez en la casa que mis tíos rentaron allá por los rumbos lejanos de la Plaza de Toros. Me gustaba sentarme frente a la consola y pedir que me pusieran su disco (porque sólo los mayores tenían permiso de hacerlo.)Después, todo era disfrutar cómo se iban desgranando las canciones de un lado, una tras otra, para pedir que lo voltearan y escuchar el otro lado.
Hay recuerdos que llevo anclados en la memoria. Mí tía Guille y su familia ocupan un lugar especial en el recuento de mis añoranzas, en la gratitud de mis nostalgias y en el cielo de la memoria. Y curiosamente, su imagen está unida indisolublemente al sonido de unos pasos que caminan con ritmo suave rumbo a New Orleans.