
sábado, 30 de julio de 2011
jueves, 15 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
lunes, 8 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
Vacaciones en Tijuana
VACACIONES EN TIJUANA
Algunos recuerdos se vuelven permanentes de tan obsesivos. Los viajes que hacíamos Rosa Elena y yo a Tijuana, gracias al gran amor y a la enorme generosidad de Chata y Teresa, para conocer el mar y nadar en las aguas heladas del Pacífico de esas latitudes es una de las imágenes imborrables. Aún ahora, el olor de la carne asada me transporta a esas playas rectas de olas infranqueables que nos hacían cruzar la frontera sin saberlo.
Las compras en el Calimax y los tacos de birria con tejuino se han convertido en uno de esos momentos que apoyados en la nostalgia crecen y crecen hasta adquirir un carácter mítico en donde es imposible separar la realidad de la idealización.
miércoles, 20 de mayo de 2009
domingo, 10 de agosto de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
sábado, 26 de julio de 2008
martes, 8 de julio de 2008
miércoles, 2 de julio de 2008
Tijuana
Muchas gracias Chito por abrir el baúl de los recuerdos. Recordar es volver a vivir decían un programa de radio en Morelia.
Bellas experiencias tuvimos la oportunidad de vivir juntos con tanta alegría, gracias a la generosidad y cariño de Chata y Teresa, a la confianza y deseo de mi mamá de que disfrutáramos de esta experiencia y por supuesto a nuestra valentía, entre otras cosas: ¡mira que lanzarnos hasta Tijuana, nada menos, sin conocer, llegando en la madrugada e irnos en taxi por que no fueron por nosotros!! Ventajas y maravillas de la juventud.
Si... fueron viajes inolvidables que guardo en mi corazón como una de las experiencias más maravillosas de esa etapa. Irnos platicando y platicando y si se acaba la plática a cantar y amenizarles el viaje a todos en el autobús, ¡bajar a comer¡ dormir allí¡ Esos eran descubrimientos. Nada me hacía falta, todo era perfecto ¡qué aventura!. Qué miedo pasar por la rumorosa - “¿crees que nos podamos voltear?” Te pregunté, dice Teresa que hay muchos autos hasta abajo que nadie rescata de tan profundo.
Qué experiencia conocer en el mismo momento el mar y a nuestra valentía. Atrevernos a meternos tan adentro ¡qué me importó que no supiera nadar, ni lo helada que estaba el agua. ¿Peligro? ¡Imposible ahogarse!, si el mar es tan amigable y además se ve que está tan feliz de que estemos aquí, jamás nos haría daño, nos invita a entrar más adentro. Qué felices fuimos, qué alegría haberlo compartido.
En esos viajes Chata y Teresa nos permitieron conocer de su corazón, de su alegría y abundancia... tanta, tanta generosidad, nos dieron a manos llenas tan desinteresadamente, y no sólo del bolsillo, con tanta alegría, tan cercanas, me parecía disfrutaban tanto como nosotros al vernos felices, darnos lo que ellas no tuvieron.
Recuerdo muy bien la camioneta verde, como la familia borola todos juntos, felices, llena de niñas en fondo, a 40 por hora ¡cuánta risa!. Vamos todos a la playa, habrá que pasar primero al Kalimax, qué bonito olía (no recordaba el nombre) felices a llenar de comida el carrito. Una nieve al entrar, no faltaba más. -“¿qué se les antoja comer?” -“¿podemos elegir?!!!” -Si, prueben los winis! -¿Qué es eso? -¡Ay estos sureños, no te digo? -¿Qué allá en el sur no existen? ¡Son salchichas! No, no, yo hasta hoy, digo que eran winis, nunca me volvieron a saber igual aquí, como allá en el Norte.
Todos en fachas, excepto tú y yo que estábamos estrenando siempre ropa que nos compraban, a mí de segunda, a ti nueva, porque no había para hombres. Víctor se fue al Kalimax una vez sin zapatos y salió con chanclas, sin pagarlas por supuesto ¡Qué buena idea, qué risa!
Una ocasión, de camino a las playas, iba Víctor manejando, queriendo rebasar a unas “gabachas”, no se podía, ¡empújense hacia adelante, vamos a alcanzarlas, ¡¡¡ya las vamos a alcanzar...!! ¡Qué risa! ¡adiooos¡ Qué hermosas vistas del mar en la carretera.
Regresemos hasta tarde, cansados, felices, no hay agua, ni modo, a jicarazos ¡qué importa! Antes de dormir tomar ¿next week? No, no era igual que el chocomilk , por supuesto, sabía muchísimo mejor.
Una vez a la semana, juntar el mundo de ropa sucia para ir a las lavanderías ¿¡lavanderías!? ¿Cómo se usan? ¡Ay ...estos sureñitos!
Y la despedida, tengo en especial una imagen muy metida en el corazón. Recuerdo cómo me conmovió hasta las lágrimas, cómo se me estrujó el corazón al verlas esperando un buen rato a unas cuadras de su casa, a que pasara por allí el camión foráneo que nos llevaba ya de regreso a Morelia, a unas cuadras de su casa, las vi llorando porque nos íbamos, diciéndonos adiós con las palmas. Estaban para variar en fachas, descalzas, con todos sus niños alrededor. Las percibí tan necesitadas. Allí supe que me querían y cuánto las quería yo. Nos fuimos llorando un tramo.
Rosa Elena
martes, 1 de julio de 2008
Tijuana
lunes, 30 de junio de 2008
Vacaciones en Tijuana
Algunos recuerdos se vuelven permanentes de tan obsesivos. Los viajes que hacíamos Rosa Elena y yo a Tijuana, gracias al gran amor y a la enorme generosidad de Chata y Teresa, para conocer el mar y nadar en las aguas heladas del Pacífico de esas latitudes es una de las imágenes imborrables. Aún ahora, el olor de la carne asada me transporta a esas playas rectas de olas infranqueables que nos hacían cruzar la frontera sin saberlo.
Las compras en el Calimax y los tacos de birria con tejuino se han convertido en uno de esos momentos que apoyados en la nostalgia crecen y crecen hasta adquirir un caracter mítico en donde es imposible separar la realidad de la idealización.






























