Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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viernes, 4 de enero de 2013

sábado, 30 de abril de 2011

Djenane y Carlos. Su Boda

La boda de Djenane y Carlos.

Por Hugo Ybarra.

Allí
aparecen, si no me equivoco, de izquierda a derecha: mi tia Socorro Toledo de Bustos, con Maritoña, mi tia Toña, Meche Salgado, mi mama Guillermina y abajo de ella, Jose Luis Bustos.

Arriba mi tio Rafael Ybarra; a un lado de Rafael esta mi tia Laura Montaño, enseguida Martha Bustos y Alfredo, mi hermano; el que sigue de Alfredo no lo identifico pero en la misma linea, por supuesto, don Ramon y mi papa Alfredo; entre ellos Guillermo (pelos finos) Ybarra.

En linea con los novios mi tia Georgina y Esmeralda

Abajo de los novios esta Adriana con Vania en brazos, luego estoy yo enseguida Rafael Ybarra (hijo), Araceli Ybarra y Janine Dupree.

jueves, 31 de marzo de 2011

Visitantes de Guadalajara




A principios de este mes de marzo, tuvimos la agradable visita de 3 hermosas mujeres procedentes de Guadalajara Mexico, que estuvieron visitando el sur de California, Jennane la hermana que mas tiempo tenia sin ver mi esposa Adriana, vino a visitarla en compañia de su hija Karla y su nieta Michelle, hija de Karla.
Ellas se pasaron unas lindas vacaciones y tuvieron oportunidad de conocer varios lugares de San Diego, Lake Elsinore y Los Angeles. Ademas de que Karla y Michelle tambien se fueron a las Vegas, NV. en compañia de Laura y Jarim.

Mientras tanto, las hermanas Ibarra Bustos, se quedaron en Lake Elsinore, disfrutando de su feliz reencuentro despues de mas de 20 años de no verse, aqui le dejo una foto de nuestras guapas visitantes, con algunos de los anfitriones, el ultima dia de su visita y a punto de regresar a nuestro Mexico lindo y querido.

Saludos cordiales a toda la hermosa comunidad de este magnifico blog.

Rodolfo.

martes, 22 de marzo de 2011

Embelleciendo las calles de Morelia

De los tesoros que nos comparte Hugo: mi tía Guille, Esmeralda y Clara, las 3 aquí "Maderiando".
Estos son mis primeros post que subo, con la ayuda de Chito.

jueves, 17 de marzo de 2011

martes, 1 de marzo de 2011

Los Ibarra Bustos


Lilian

Clara y Adriana

Paty y Rosa
Esmeralda
La primada
La boda de Adriana y Fito

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Familia Ybarra-Bustos

Esmeralda, Lilian, Don Alfredo, Doña Gullermina, Alfredo, Djenane, Rosa
Fanny, Paty, Clara
Adriana, Hugo, Guillermo

La Muñe, Lilian, Janine, Esmeralda, Rosa, Fanny, Adriana, Djenane, Alfrdo, Clara, Paty, Vania con Tonantzin, Memo y Toño.
Memo, Don Alfredo con Brenda, Doña Gullermina con Rabindranath, Carla, Alex, Cintia, Ayexa.
Katia, Yarim, Claudia, Carlos, Alfredo y Paco

sábado, 23 de octubre de 2010

La Primera Nieta








En el bautizo de la cosita más hermosa de

"too mundo y too meiveicho"


jueves, 17 de diciembre de 2009

Un Año Nuevo en Morelia






Y de tanto en tanto se revive la tradición




lunes, 14 de diciembre de 2009

Navidades 1956,1957



Y HABLANDO DE NAVIDADES ESPECIALES…

Ahora que se acerca la Navidad, y me encuentro haciendo preparativos para mi viaje anual a México para celebrar estos días festivos con la familia; y presa, como siempre, del espíritu navideño, me recuerda esto de unas navidades que siempre tendré viva en mi memoria, las que ocurrieron cuando estábamos recién llegados a Morelia.

Como saben algunos de ustedes, llegamos a Morelia en septiembre de 1956. Nuestra primera navidad la pasamos en la casa de mis tíos Alfredo y Guille.

Para el Día de los Reyes, cosa nueva para nosotros, pues en el norte, en aquél entonces, generalmente los Reyes no pasaban por ahí. Ahí reinaba Santa Claus.

En la víspera de los Reyes, estábamos en la casa de los Ibarra. Esmeralda y Lilian se dieron a la tarea de escribir las cartitas de los niños para los Reyes. Me acuerdo muy bien que para Adriana, que era una bebé, le pidieron ¡un biberón!!!??? Para todos nos pidieron algo. Les pusimos a los camellos y al elefante agua y algo de comer en el patio…porque “les da mucha sed y hambre en el camino tan largo”.

Me quise quedar despierta para verlos llegar, pero como a todo niño, me ganó el sueño. ¡Pero maravillas de maravillas, al día siguiente ya no había
ni agua ni comida, pero en nuestros zapatos había regalos! ¡Para todos! Eso para mí se me hizo la cosa más fantástica del mundo. Al otro día, y los subsecuentes, nos la pasamos jugando con nuestros juguetes con los primos.

Imagínense al tío Alfredo que tenía diez hijos y un salario de profesor pobre, que apenas le daba para andar en bicicleta como transporte.

Al siguiente año, Laura y Roberto nos trajeron regalos. A María y a mí nos trajeron una batería para cocinar y un tipo de estufita ¡que prendía! con un tipo de resistencia. Hacíamos en el cuarto muchas comiditas. A los niños les trajeron unos carritos de metal, tal vez Víctor se acuerde mejor. A Rosa Elena, no sé quién se lo dio, pero era un borreguito de hule que le apretabas la panza y emitía un sonido como chillido, me encantaba porque olía muy bonito.


Chata y Teresa habían conseguido un trabajo en la tienda La Palma, donde vendían juguetes en la temporada navideña. Sólo trabajaron para tener dinero para comprarnos juguetes para la Navidad. A mí me regalaron un juego de té que iba perfectamente con mi cocina. Creo que ellas fueron las que le compraron el borreguito a Rosa Elena.

Durante ese año, en el barrio de la calle Vasco de Quiroga donde vivían los Ibarra, habíamos hecho amistad con una familia que eran amigos de ellos. La familia era dueña de una panadería. Entre los hijos que me acuerdo que tenían, había tres muchachos que sus edades creo que eran de 13 a 18 años, Salvador “Chava”, Luis y Rodolfo “el Rorro”, que era el menor de ellos. Los muchachos trabajaban en la panadería ayudando a sus padres y ganándose así sus "domingos". Nos encantaba ir a ver cómo hacían el pan, que lo hacían, según me acuerdo, en esos hornos de ladrillo y en lumbre de leña. Y otra vez, un pan riquísimo.

Los muchachos nos tomaron mucho cariño, aparte de lo pobres, creo que llamábamos la atención por nuestros acentos raros, palabras extrañas como “balde”; y porque profesábamos una religión de otro mundo. Nada que ahora tenga nada de raro, por los avances en el transporte y las vías de comunicación, pero estamos hablando del México de los cincuenta.

Esa Navidad los muchachos vinieron a visitarnos a la casa de Corregidora donde vivíamos con mis tios Ramón, Rodolfo y Socorro, trayendo consigo regalos para todos nosotros, mismos que habían comprado juntando su dinero. Se quedaron todo el día jugando con nosotros, enseñándonos cómo usar los patines de ruedas y otros regalos.

El gozo de ellos era palpable; era un gozo que emanaba de un sentimiento de cariño, de hermandad y de saber compartir.

Todo esto lo hicieron por sí mismos, sin haber sido mandados por sus padres; no fue un "Proyecto Familiar" que hacían por costumbre o tradición o por limosna. Fue un regalo salido del corazón, de una bondad interna, acto ausente de paternalismo o condescendencia. Y lo hicieron en una edad
En que la mayoría de las personas están en su etapa más egocéntrica, que se preocupan sólo por sí mismas.

Todavía recuerdo esos maravillosos regalos, pero el más grande regalo que nos dieron no se podía envolver. Recibimos una lección del verdadero significado de la caridad.

A menudo, confundimos la caridad con el hecho de compartir lo que nos sobra con aquellos menos afortunados. La verdadera caridad no es algo de lo que uno se deshace; es algo que lo hacemos parte de nosotros mismos, el dar de nuestro tiempo, aunque a veces requiera sacrificar tu tiempo personal; dar nuestro oído, nuestra comprensión, el alegrarse con el otro, el compartir sus tristezas. Es el ser bueno con nuestro prójimo todo el año.

Cuando compramos los regalos de Navidad, decoramos el árbol o nos reunimos con la familia alrededor de la cena navideña, raramente nos detenemos a pensar en el verdadero significado de la Navidad. Del regalo que nos fue dado hace muchos años, y que se espera hagamos algo, si no igual, parecido por nuestros semejantes.

Después nos fuimos a Uruapan, los Ibarra se cambiaron a Lerdo de Tejada, y en cierto modo les perdimos la pista a esos muchachos. Aunque el Rorro, nunca nos la perdió, nos visitaba y nos llevaba pan a Lerdo de Tejada (por algo el pan es sinónimo de alimento en general, para nosotros tuvo un significado especial). Todavía en García Obeso nos visitaba. Estaba prendidísimo de María, pero María sólo tenía ojos para “el Borrer”.

Muchos años han pasado, y la familia está en condiciones de tener pocos o muchos regalos ahora para sus hijos y nietos. Pero nosotros siempre recordaremos aquella Navidad con agradecimiento. Y en nuestros corazones, siempre habrá un lugar para Salvador, Luis y Rodolfo.

Yolanda



martes, 8 de septiembre de 2009

Reunión Familiar

Lilian, José Luis, Fanny, Laurita, Paco, Rogelio, Esmeralda, Alfredo, Magdalena


Hugo, Toño, Memo, Josefina, Antonio, Lilian, Fanny, José Luis y Esmeralda

Las Fiestas







Fotografías compartidas por Paty Ybarra

miércoles, 2 de julio de 2008

La boda de Teresa y Juan


En la casa de la tía Guille.
En el suelo, delante: Meche, Rosa, Guillermo,

2a fila: Alfredo, tía Guille, Esmeralda

Parados: Laura, Sergio Bustos, Roberto

En el Sofá: Djenane, tío Alfredo, Laurita, Lilian, Teresa, Juan.