Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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lunes, 4 de mayo de 2009

Bajo la Influenza: comentaristas

Por Héctor Aguilar Camín

2009-05-04•Al Frente

Milenio


Pocas piezas risueñas trae la prensa en estos días asténicos de la influenza, días en que combatimos por omisión, aislándonos de los demás. El asueto obligatorio, sin ocio verdadero, afantasma a los demás, nos vuelve a todos fantasmas de nuestras calles.

Es natural que nadie sonría. José Woldenberg escribió en Reforma (30/4/09) un artículo tipificando el humor involuntario de y comentaristas ante la influenza.

Con inusual y sabrosa autocrítica, Woldenberg destaca los siguientes especimenes analíticos de la temporada:

El experto exprés, que se acostó ignorante pero se levantó conocedor del tema.

El sagaz opositor, que descubre la huella de la manipulación del gobierno en la propagación intencionada de los virus.

El escéptico insobornable, que duda donde otros creen y descree de cada medida y cada cifra.

El acólito de la autoridad, que encuentra en todo lo hecho por las autoridades sensatez y presciencia.

El pescador monotemático, genuino experto en el tema cuya eclosión lo vuelve celebridad instantánea en los medios.

El erudito memorioso, capaz de recordar lo casos semejantes que registra la historia y repetirlos con ánimo de ejemplo moral o simple exhibición de suficiencia.

Finalmente, el ubicuo tiranetas que puede o no saber de lo que habla pero traza líneas con certeza tiránica sobre lo que hay y no hay que hacer.

La tipología de Woldenberg podría extenderse al mundo de la opinión periodística en todo tiempo y lugar. Los comentaristas regulares de la prensa correspondemos a alguno de esos arquetipos o a una combinación de ellos.

Creo haber incurrido en todos los tipos ideales descritos por Woldenberg y creo tener propensión temperamental a repetir algunos de ellos.

Así como un ser humano moralmente equilibrado sería el que pudiera ejercer en dosis adecuadas todos los pecados capitales, un buen opinador profesional debería estar hecho en dosis adecuadas de todos los tipos viciosos de análisis descritos por Woldenberg.

Un buen opinador profesional debería aprender rápido sobre lo que traen las noticias, tener escepticismo y distancia frente a la autoridad, pero también generosidad ante los aciertos de ella, ser experto y erudito en algunas cosas y tener la audacia de decir lo que piensa.

Por último, debería también saber reírse de sí mismo y de sus excesos, como sugiere Woldenberg entre líneas de su deliciosa tipología.

hector.aguilarcamin@milenio.com