Sigo en la sombra de tus pasos el fuego de tu rostro. Tan solo encuentro en el crepúsculo de tus ojos mi soledad reflejada en mil pedazos
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sábado, 5 de septiembre de 2009

Israel (tercera y última)

Betania

Fuimos a Betania también muy cerquita de Jerusalén, pues se ubica en las faldas del Monte de los Olivos a conocer la tumba de Lázaro; que se ubica en un barrio muy pobre en las afueras de la ciudad.

El dueño de una tiendita, en frente de la tumba, le dio a Ahmed las llaves del candado de una reja a manera de puerta. Mi señora y yo bajamos a la tumba en penumbra por una escalera de tierra tan empinada como angosta, como de unos 8 metros de profundidad. Desde luego la tumba estaba vacía, los muros de tierra formaban un rectángulo como de 3 por 2, y como de 1,80 de alto. Estaba muy mal iluminada con un foco de 40 watts. En esta tumba Jesús resucitó a Lázaro.

En Betania se dieron cuatro sucesos muy importantes:

Delante de María y de Marta, hermanas de Lázaro, y de los discípulos de Jesús, éste resucita a Lázaro, cuando ya tenía 4 días de haber sido sepultado.

María Magdalena derramó sobre la cabeza de Jesús un pomo de alabastro y lavó sus pies con su pelo. A su vez, Jesús hizo lo mismo con sus discípulos: Lavarles los pies.

En Betania fue La Última Cena Pascual, recordada por el mundo católico en la Santa Misa como la Eucaristía.


Jericó


La ciudad de Jericó está situada a 26 kmts de Jerusalén y a 10 del mar Muerto. Se trata de un oasis desértico con palmeras datileras y plantaciones de plátano. Cuenta con un enorme manantial de aguas frescas, cristalinas y potables. El manantial está protegido.

Visitamos las ruinas de Jericó, que fue la ciudad más antigua del mundo, pues dicen los historiadores que se fundó hace más diez mil años en la orilla occidental del río Jordán. Nos dice Amhed que los primeros habitantes fueron los cananeos y que ahora pertenece a Cisjordania. Estas ruinas se ubican a 28 kmts de Jerusalén.

Cuando fueron creados Adán y Eva, hace un poco más de seis mil años, Jericó ya estaba habitada y desarrollada cuatro mil años antes. Considerado que los sucesos del Génesis ocurrieron hace un poco más de seis mil años, según las Santas Escrituras.

Desde estas ruinas se ven muy a lo lejos unas montañas. En una de ellas Jesús ayunó durante 40 días. Ahí se dieron las 3 tentaciones del diablo a Jesús. Luego del ayuno en la montaña Él se fue a Galilea.
Estas montañas están en el desierto de Judea. Es un desierto espantoso con temperaturas que alcanzan los 50 grados centígrados. Cuando leo en los Evangelios que la Sagrada Familia se vio obligada a recorrer más de 400 kilómetros en burro, por el desierto de Judea y de Negev región montañosa plagado de fieras y salteadores de caminos, rumbo a Egipto, tras el decreto de la Matanza de los Inocentes firmado por el arrogante y asesino Herodes el Grande, me pregunto: ¿Cómo fue posible esto?


Nazaret.

Nazaret se ubica al norte de Israel, muy cerca de Haifa (30 kmts) y del mar de Galilea (25 kmts. Este lago tiene 12 kmts de ancho, por 20 de largo.) Desde esta ciudad, que en aquél entonces era un rancho, José con María encinta partió hacia Belén para cumplir con el censo ordenado por Quirino.

Actualmente la habitan musulmanes, judíos y cristianos. Aquí vivió Jesús algunos años de su infancia, tras el peligroso viaje de Egipto a Nazaret. Posteriormente la familia de José radicó en Capernaúm, escenario de muchos acontecimientos de la vida de Jesucristo descritos en los Evangelios. Aquí vivieron Andrés, Mateo y Pedro (Cefas).

Nazaret es un lugar de peregrinaje (como la Basílica de Guadalupe) que tiene varios santuarios y la Cueva de María. Entre los que visitamos se destaca el de La Anunciación (el arcángel Gabriel se le aparece a la virgen María anunciándole que por obra y gracia del Espíritu Santo dará a luz a un bebé, que se llamará Jesús), construcción muy rara pero muy bien cuidada. Y la iglesia de San José, edificada en donde estaba el taller de carpintería de San José.

Las ruinas de Capernaúm se encuentran en Galilea a la orilla del mar de Galilea, también llamado Kineret. Ahmed nos dijo que como a 12 kmts se ubica la ciudad de Tiberíades. Cerca de las ruinas hay un oasis con palmeras datileras.

En una fondita atendida por la señora y su hijo, comimos. El jovencito que nos colmó de atenciones era un judío ortodoxo, vestía traje negro, sombrero negro y los churritos en ambos lados de las sienes, llamados peots. Para empezar nos sirvió un plato de dátiles muy dulces. Yo le pedí dos vasos con hielo, dos refrescos y dos copas de brandy (nos arrimó la botella de un brnady elaborado en la región de La Rioja, España). Comimos la comida del día: Una ensalada, una especie de jocoque, una crema de apio, costillas de cordero, por cierto jugosas muy suavecitas, tortillas enormes de harina, una rebanada de pastel de chocolate, un café y brandy. ¿La cuenta? quince dólares por los dos. No me recibió propina. Cuando estuvimos a punto de marcharnos salió la señora y el joven a despedirnos. Al enterarse de que éramos mexicanos se alegraron, nos despidieron de mano y con caravanas.


Tiberíades.


Para los judíos es una ciudad santa. Ahmed no nos dijo por qué. Pero sí nos informó que fue fundada en honor del Emperador Tiberio. Los habitantes casi todos son judíos ortodoxos. Hay colonias de Sirios y libaneses.

De Jerusalén, nos llevaron en un autobús a esta ciudad, ubicada en el lado occidental del lago de Genesaret, mar de Galilea o lago de Tiberíades.

Esta turística ciudad la construyó Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande.
Nos hospedamos en una casa de huéspedes atendida por un matrimonio y sus dos hijos: una jovencita muy guapa y un joven. De tez muy blanca todos. Judíos ortodoxos muy respetuosos de sus tradiciones.

Fuimos a la playa del llamado mar de Galilea, Rosita sí se bañó, yo no. Me contrarió que no pude encontrar unas cervezas para estar chupando en la playa. No encontré un pinche pomo de nada, ni siquiera un tintito, rosado o blanco. Comimos en el mercado por ser más barato. Pedí un bocadillo para cada quien. ¿Saben qué nos sirvieron? ¡Una torta gigante! Las dos tapas aguadas de tanto aceite de oliva; rebanadas de jitomate, rebanadas de aguacate, pimienta, rebanadas de cebolla, rebanadas de queso tipo Gouda, rebanadas de pavo. La tortota nos la sirvieron en un platón para cada uno, con una guarnición de ensalada, para variar, rociada con aceite de oliva, vinagre y queso parmesano; agua de fresa, una especie de cajeta con clavo y canela que me supo a rayos y café. Salimos que el ombligo nos hacía punta. ¡Ah, cómo extrañé mi coñaquito!

Caminamos por la so
mbrita para curiosear por las tiendas de artesanías, pero hacía un calor de la rechingada. Las tiendas, muy elegantes, tenían clima, con productos carísimos. De manera que por ahí anduvimos haciéndonos pendejos hasta que llegó el autobús por nosotros.

Resulta que nos llevaron al río Jordán, al sitio en donde Juan, bautizó a su primo Jesús. Nos rezagamos del grupo por estar rezando en el barandal de la pequeña explanada para turistas. El sitio está sombreado por árboles enormes y frondosos.

En eso, llega un grupo de españoles muy parlanchines acompañados de un sacerdote. El sacerdote iba a rebautizar al grupo en el sitio donde fue bautizado Jesús. Estuvimos viendo la ceremonia. Al finalizarla, el sacerdote nos preguntó:


-¿De dónde vienen ustedes?

-De México. –No sé por qué, pero todo el grupo de españoles (matrimonios), nos aplaudió.

-¿Quieren que los bautice –nos preguntó el sacerdote?


-Sí –le contesté-.


Lo hicimos y el sacerdote nos rebautizó en ese lugar bíblico importante para los cristianos, con las aguas del río Jordán. Todo un privilegio.


Corrimos porque el autobús ya nos estaba pitando.
Fue un día maravilloso, aunque sin chupe. Bendito chupe.

Al día siguiente nos levantamos en Jerusalén a las 5 de la mañana, Ahmed venía por nosotros para llevarnos al aeropuerto de Tel Aviv. Teníamos boleto para las 10 de la mañana hacia El Cairo, Egipto. Israel, pronto iba a quedar atrás. ¡Qué viaje más maravilloso!

martes, 14 de julio de 2009

Israel II



El día que nos tocó libre nos fuimos Rosita y yo a la Central de Autobuses. Compré los boletos para visitar el Kibutz Ein Gedi (asentamiento colectivo rural de población judía), que está muy cerca del mar Muerto (creo que el Kibuts, pertenece a Palestina. Cerca del mar Muerto estuvieron Sodoma y Gomorra), y ahí desayunamos un jugo de naranja, huevos con tocino, mantequilla, una cestita con pan de centeno y café con leche.

El recorrido en autobús, algo así como 50 km., lo hicimos en más de una hora, en medio del desierto de Judea que es espantoso, sin vegetación, entre cerros escarpados inhóspitos y carpas de familias de beduinos. Cerca de nuestro destino alcanzamos a ver desde la carretera las aguas del mar Muerto, que en vez de azules, se perciben de un color acerado.



El mar Muerto está a cerca de 400 metros bajo el nivel del mar, lo que lo hace la depresión más profunda del planeta. A mí me llamó poderosamente la atención, los retenes del ejército que no nos detuvieron, pero vimos tanques de guerra y distintos vehículos del ejército israelí con tropas de hombres y mujeres portando ametralladoras. Los judíos confrontan conflictos bélicos perpetuos con sus vecinos: Jordania, Egipto, Siria, Líbano, etc. No han encontrado la paz desde que se escuchó el grito estridente: ¡Sí, crucifícale!

Con Rosita nos preparamos para bañarnos en la playa del mar Muerto. Hay una estructura turística a la orilla con todas las comodidades. Miré el termómetro y marcaba 42 grados a la sombra, ya se pueden imaginar. Unas señoras alemanas se estaban bañando en la playa, eso me dio valor para meternos sin pendiente. Una vez adentro una señora nos recomendó que no abriéramos los ojos dentro del agua. Cuando traté de bucear no pude, el agua me aventaba hacia arriba. En la superficie sin esfuerzo me podía sentar encima del agua. Terco como soy, no resistí la tentación de abrir los ojos adentro del agua: ¡Qué pendejada! Me ardían tanto los ojos, que tuve que salirme a lavármelos. Por fortuna para mí, había regaderas muy cerca del agua, me lavé los ojos y me quité la sal del cuerpo y ya no me volví a meter.

Nos vestimos en medio de un calor agobiante y nos fuimos al restaurante a tomarnos sendas cubas de Bacardí con un chingo de hielo. Ahí permanecimos hasta la hora de la comida, porque el restaurante tenía clima. La comida: Una ensalada verde, que aderezamos con aceite de oliva y un chorrito de limón; falafel, unas bolitas fritas de garbanzo en un caldillo de jitomate y pan de pita; el kebab, carne de cordero con papas cocidas rebanadas, mostaza, una jarrita con yougurt agrio y un plato con requesón; de postre, mus de chocolate, café exprés y dos copas de cognac. Tuvimos que salir al calorón a esperar el autobús. ¡Qué martirio! Entre tanto, seguían pasando tanques enormes, vehículos del ejército y tropa. Abordamos el autobús con clima, llegamos a Jerusalén como a las 6 de la tarde, nos fuimos en taxi al hotel, nos dimos un regaderazo y caímos rendidos en la cama.


Belém, Cisjordania.


Esta ciudad se menciona por primera vez en el Antiguo Testamento como el lugar en el que fue sepultada Raquel, primera mujer del patriarca Jacob. Con excepción de Marcos, los otros autores de los evangelios mencionan a Belém como el lugar de nacimiento de Jesús. El rey David también nació en Belém. Por esto los cristianos lo tienen por un lugar santo.

En Belém se visita una de las iglesias más antiguas del mundo: La Iglesia de la Natividad, construida por Constantino I el Grande, emperador de Roma, en el año 330. Ahmed, nuestro guía, oriundo de Beersheva, nos llevó a dicha iglesia, conduciéndonos por todo el recinto sagrado, por cierto, repleto de peregrinos conducidos por sus guías, hablando en diferentes lenguas: francés, inglés, alemán, italiano, etc. Esta iglesia siempre está así –nos informó Ahmed.

Vimos el lugar donde se supone que nació Jesús. Es un recinto muy pequeño casi a ras del suelo protegido con un cristal. Adentro, el piso es de mármol veteado, con una especie de agujero al centro que termina en una estrella de varios picos; hay muchas veladoras. Pequeños grupos de peregrinos se mueven por todo el interior de la iglesia: Unos oyendo misa, otros esperando turno para ver el lugar donde nació Jesús, otros caminando hacia el bautisterio, algunos viendo las reliquias en una nave adyacente a la nave principal. Un coro formado por hombres y niños le imprime un toque celestial al recinto, con sus voces acopladas acompañadas por un antiquísimo órgano, cuyo director del coro es el mismo que lo toca. Los guías hablan fuerte en sus propios idiomas sin importarles que el sacerdote cante la misa. Otros se persignan con agua bendita que hay en una gran pileta. En fin, La Iglesia de la Natividad, que me pareció muy mal iluminada, así está todo el santo día, de todos los años, desde remotos tiempos. Es un privilegio conocer esta iglesia colmada de relatos y tradiciones. Han pasado por la iglesia millones de peregrinos. La Iglesia de la Natividad, en Belém, es para los cristianos lo que El Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, para los judíos, y La Meca, en Arabia Saudí, para los musulmanes.

En un comercio de artesanías, en Belém, compré un camello labrado en madera de olivo veteada, como de 40 centímetros de alto, perfectamente adornado con los arreos propios de un camello. El dichoso camello, precioso por cierto, me costó 18 dólares, pero como no me lo podía traer en la maleta, el dueño del negocio, obsequioso, apuntó mi domicilio para enviármelo a Uruapan. El camello lo remitió por vía marítima. El costo al puerto de Veracruz era considerablemente más barato, que el envío por avión. Así lo convenimos el comerciante y yo. El caso es que pasaron tantos meses si noticias del camello, que yo ya no me acordaba de él, ya lo daba por perdido. Cierto día, recibí un aviso del correo, diciéndome que tenía un paquete. Pensé que era de Selecciones. Me presenté en la oficina de correos a recoger el paquete. Cuando la señorita me dijo que el bulto venía de Belém, Israel, y me dio el costo por pagar de 150 dólares, me cai que por poco doy el changazo.

No los traigo –le dije a la señorita-.

–No se apure, señor Montaño, tiene 3 días para recogerlo.

Como queras y gustes conseguí los dólares y se los llevé al Correo con todo el dolor de mi corazón.
¡Más merezco por pendejo!

El camello lo puse en un separador en La Quinta Chingada. Ahora está en una caja de cartón para tiliches


La ciudad de Belém está muy cerca de Jerusalén. Nos sorprendió –a mi señora y a mí-, que en algunos edificios guardias armados con ametralladoras estuvieran en las azoteas.


Ahmed, nos llevó a un Moshav. Se trata de una comunidad de 100 familias que colaboran para solventar sus necesidades y comercializar los productos que se fabrican en la aldea: Aceite de olivo, telas de algodón, pinturas enmarcadas, productos agrícolas, miel de colmena, panecillos en cajitas de madera de olivo, mandolinas, embutidos de cordero, vestidos regionales, rollos con la Torá (Tora), etc.

Rogelio Montaño

martes, 30 de junio de 2009

Israel

Este país, particularmente Jerusalén, es el centro neurálgico donde convergen tres religiones: La católica, la judía y la musulmana.Israel goza de una característica tan especial que atrae a la comunidad cristiana mundial año con año, pues de todos es sabido que aquí vivió, padeció y murió el Redentor. Me parece que Jesús resucitó en Betania.

Mi paso por algunas ciudades de Israel en mi calidad de católico y como turista, me obligan a referir, muy brevemente, algunos sucesos bíblicos de la vida de Jesús: Los personajes que lo siguieron, los lugares santos y sus portentosos milagros. Pero también me refiero a los sitios más destacados de las otras religiones. Al detallar los temas bíblicos seguramente encontrarán fallas, por lo que les ruego que me las perdonen.


Tel Aviv-Yafo.

Aterrizamos en Tel Aviv, procedentes de Frankfurt, Alemania. Esperábamos las maletas en la banda circular, cuando escuché por el sonido local una voz de mujer que en español decía: Shalom, señor Rogelio Montaño, señor Rogelio Montaño, favor de presentarse en las oficinas de la comandancia. Capté el mensaje muy preocupado. Una vez que pasamos la revisión de la aduana, nos dirigimos a la comandancia. Un oficial nos hizo pasar por un arco detector de metales, pusimos las maletas en la banda y nos pidieron los pasaportes. ¿Vienen de Alemania –nos preguntó la oficial-? Sí –le respondí-. Volvió a revisar minuciosamente nuestras maletas. Esto me molestó, y le pregunté: ¿Qué pasa, por qué nos revisan otra vez? Me informó que buscaban a un criminal con el nombre parecido al mío. Pero no se preocupe –me dijo-, ya pueden salir sin ningún problema, shalom.

Salimos a la sala de espera del aeropuerto. Ahí nos estaba esperando Ahmed, nuestro guía, con una pequeña pancarta que decía: Rogelio. Abordamos una camioneta panel, con rumbo al hotel, muy madreado por cierto, pero junto a la playa del mar Mediterráneo.

Tel Aviv es la segunda ciudad más importante de Israel, después de Jerusalén. El distrito financiero es muy significativo, pero la Bolsa de diamantes se lleva las palmas. En esta ciudad Ahmed nos llevó a conocer un taller de corte y pulido de diamantes. Cada cortador tiene un cubículo privado rodeado de ventanales, de manera que uno los puede ver trabajar. La visita fue impresionante.

En el hotel, había un restaurante pequeño (cinco mesas) atendido por un matrimonio judío ortodoxo. Después de bañarnos y dejar las maletas en la habitación, me animé a comer ahí, porque entre las 4 o 5 botellas que había en la contra barra, estaba un botella de Bacardí Blanco. Nos atendió el esposo, muy joven aun, que hablaba español, vestido de traje negro, sombrero negro, camisa blanca, corbata negra, zapatos negros lustrados. A los lados del sombrero le colgaba el peot, rizado y rubio. Le pedí dos cubas de Bacardí con un chorrito de limón y hielo. De la carta, escogimos el borshet (sopa de remolacha con aceite de oliva que nosotros le pusimos) y gefilte (pescado cocido muy bien aderezado). El servicio nos lo sirvieron los dos jovencitos. La señora lucía una panza como de 5 meses de embarazo. ¿De dónde vienen –nos preguntó-? De México –le contesté-. ¡De México, qué bien, andan muy lejos! Sí, -le dije- Nos dio el consabido buen provecho y se fueron.

En la mesa nos pusieron mostaza, mantequilla, pan tostado, requesón, aceite de oliva y un coctel de frutas. Terminamos la comida y nos sirvieron de postre, una gelatina, café y dos copas de brandy. La cuenta me la trajo la pareja: 12 dólares. Nos despidieron muy atentos.

La ciudad la forman dos núcleos urbanos: La histórica Yafo, en el sur, y la moderna Tel Aviv (ahí nos hospedamos), que se extiende hacia el norte y el este.

Ahmed, no llevó a conocer Yafo (antigua Jaffa), que es una ciudad de estilo árabe, con edificios viejos y calles tortuosas, que según Ahmed, suelen ser muy peligrosas. Pues por esos callejones caminamos: Gente vociferante vestida a la usanza árabe, bazares, comercios, cines de barrio, almacenes de telas, fondas, niños, puestos de fruta, dulcerías, cafés y fumaderos de opio.



Jerusalén.


Al día siguiente Amhed nos llevó a Jerusalén. Esta ciudad es tres veces santa:

Para los judíos, es el lugar en donde el rey David fundó el primer reino hebreo.

Para los católicos, es la ciudad donde el Mesías pasó
sus últimos días.

Para los musulmanes, es la ciudad desde donde el profeta Mahoma subió al cielo.

Aquí se dieron importantes sucesos de la vida de Jesús. Jerusalén es una ciudad moderna y cosmopolita. Dentro de la antigua de Jerusalén, recorrimos las 14 estaciones del camino de la cruz acompañados de centenares de peregrinos. En las esquinas hay como coladeras enrejadas que muestran, a ocho metros de profundidad, el piso por el que caminó Jesucristo. En la ciudad antigua existen 4 barrios: Cristianos, armenios, musulmanes y judíos. Rodea la ciudad una muralla muy alta y cuenta con varias puertas: Puerta de Herodes, de San Esteban, de Sion o puerta Dorada. Por esta puerta se accedía al Monte de los Olivos y al Huerto de Getsemaní, donde Jesús pasó sus últimas horas antes de ser traicionado por Judas.

También visitamos el Muro de las Lamentaciones, ahí acuden los judíos a leer el Antiguo Testamento, a orar, y a introducir entre las piedras del muro, sus peticiones. Las mujeres no entran al muro de los hombres, junto tienen una extensión del mismo muro. Ingresamos al interior de la mezquita llamada Cúpula de la Roca, que es considerada como el edificio más hermoso de Jerusalén. Este bellísimo edificio es el santuario musulmán por excelencia. Los musulmanes creen que esta mezquita fue levantada sobre la roca, desde la que Mahoma ascendió al cielo. Los judíos, por su parte, creen que fue el lugar donde Abraham preparó el sacrificio de su hijo Isaac. Sacrificio que no se cumplió.

Justo enfrente de la mezquita de Omar o de la Roca, se ubica la blanca mezquita de al-Aqsa, el tercer lugar más santo para los musulmanes.

Ahmed nos llevó al museo de los Rollos del mar Muerto. Aquí se exhiben miles de pergaminos y fragmentos de los mismos relacionados con temas bíblicos, que entre los años de 1947 y 1956, un pastor beduino encontró, por casualidad, en unos cántaros, en las cuevas de Qumrán cerca del mar Muerto. Dichas cuevas están del lado de Jordania.

Los rollos están considerados por los expertos como el más importante hallazgo del siglo XX, ya que se trata de unos antiquísimos testimonios judíos en hebreo, arameo y griego, escritos entre los siglos III, a. C. y I, d. C.

También visitamos el museo del Holocausto. En este museo pudimos ver, horrorizados, la proyección de una película relacionada con los abusos cometidos por los nazis a los judíos, polacos, homosexuales y húngaros. Pegados a los muros del museo y en carteles, se exhiben fotografías y testimonios escritos por sobrevivientes. En vitrinas y estantes se muestran diversos objetos que pertenecieron a las víctimas. Hay una maqueta muy grande y detallada que muestra lo que era un campo de exterminio, con los hornos crematorios y los “baños colectivos”. Los horrores a que fueron sometidos los judíos por los alemanes en la II Guerra Mundial alcanzaron la cifra de más de seis millones de personas cruelmente sacrificadas.Al lado de este triste museo del Holocausto, está un salón. En él se rinde homenaje al millón de niños sacrificados por Hitler. Una sola vela encendida en el centro del escenario es proyectada a una serie de espejos, acomodados de tal suerte, que si se pudieran contar sumarían un millón de velas encendidas. El homenaje a estos niños fue la obra construida y financiada por un arquitecto, cuyo nombre no recuerdo, radicado en Nueva York, USA, quien sufrió la pérdida de su hijo de 7 años, en Treblinka, en los hornos de Hitler. Alguien se encarga de mantener la vela prendida siempre.

Ahmed nos condujo a la basílica de Santo Sepulcro, construida en el mismo sitio donde estuvo la tumba de Jesucristo. Ahora Jerusalén pertenece a Cisjordania. Los israelitas la reclaman como su capital. Abordamos un autobús turístico para que no llevara a las alturas del Golán. Ahí se encuentra un Kibutz llamado Khirbat Khawkhah, que en realidad funciona como un Moshav. Desde aquí se ve majestuoso el monte Hermón (2.814 m.). Este monte bíblico se ubica entre Siria, Israel y el Líbano. Es una zona de conflictos eternos.

Entramos a un bunker extrañamente situado en medio de un campo de amapolas plagado de minas. Amhed nos prohibió caminar más allá de las veredas previamente examinadas. El bunker, además de que está fuertemente artillado, está horrible, lo habitan 8 solados que se reparten los turnos las 24 horas del día. Cuentan sólo con las comodidades básicas. Pero tienen un sistema de comunicación moderno. Un auto blindado les trae provisiones cada semana. Algunos turistas le exigían a Ahmed que nos fuéramos de ahí, porque él quería que compráramos curiosidades en el Moshav.

Rogelio Montaño