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martes, 5 de abril de 2011
sábado, 25 de abril de 2009
Comala (ausencias de Rulfo)/oct2005
Por Judith Bravo.
A 30 minutos de Colima (la capital) está Comala; hay un enorme letrero al entrar que reza: “Bienvenidos a Comala, Pueblo Mágico”
Cuando bajé de la camioneta, me pasó lo que seguramente le sucede a la mayoría de los que llegan hasta acá: empecé a caminar por las calles empedradas buscando a Juan...
“conoce usted a Pedro páramo?-le pregunté
me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza
-quién es?-volví a preguntar
-un rencor vivo-me contestó el
y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho mas adelante que nosotros, encarrerados por la bajada...”
este lugar es muy diferente al que yo “conocía”: hay montones de plantas de papagayo, plátano y mamey, flores amarillas, moradas, azules, anaranjadas y mariposas que vuelan sin miedo alrededor de ti, sin ese miedo que les da acercarse en ciudad grande.
Tanta vida en las calles, tanta luz, mientras nos llegan noticias de las brigadas que recorren Quintana roo y que les ha tocado en suerte vivir los efectos del huracán.
A ratos Celso se me empareja y me intenta explicar lo que le ocurre al mar con un huracán.
-Cuéntame cómo es un huracán- le pregunto
-es una lluvia de esas bien fuertes y no puedes salir, ni hacer nada, solo dan ganas de estar llorando.
Mi paso se aleja de Celso para seguir observando el lugar: las casas de paredes blancas y techos de tejas rojas; se escucha los cascos de un caballo y ladrar de perros y entonces me propuse escuchar el eco de “el trote rebotado de los burros”. Para respirar la atmósfera lenta de aquel Comala que me platicaron.
Lo que buscaba se contraponía a lo que se me presentaba: niños jugando en la plaza, las palomas cayendo en desbandada a comer el maiz que les avienta el viejecito, luz, sonidos, movimiento.
“...Allá de donde veníamos ahora, al menos te entretenías mirando el nacimiento de las cosas, nubes y pájaros, el musgo ¿te acuerdas? Aquí en cambio no sentirás sino ese color amarillo y acedo que parece destilar por todas partes. Y es que éste es un pueblo desdichado; untado de desdicha...”
Era como vivir dos realidades paralelas:
el Comala que estaba frente a mis ojos y el Comala que Juan me platicó y que me dicen que en realidad ni está en Colima, sino en un pueblo que se llama San Gabriel, Jalisco.
Es fácil irse con la finta, mas, en el fondo del corazón, se siente que el engaño es solo por el inevitable ánimo de encontrar motivos para soñarse.
“...yo también soy hijo de Pedro Páramo-me dijo
una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar,cuar,cuar...”
A Comala la gente va los domingos a comer, es un motivo para reunirse, llenar la atmósfera de risas; ahí se encuentra el restaurante que Fercha me recomendó (“Don Comalón”) en donde por cada ronda de bebidas espirituosas que solicites, llenan tu mesa de una cantidad de comida, como para rellenar un elefante.
Caminar las calles en Comala es saber que no vas a encontrar “eso” que buscas..como si viajaras en el tiempo y “algo” conociera el pasado que nunca fue, como si de pronto fueras capaz de “ver” los murmullos de los que tanto hablaba Juan...
“-Qué pasó por aquí?
-un correcaminos, señor, así les nombran a esos pájaros
-no, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado...”
Mientras en Comala, la explosión de colores, olores y sabores es motivo de eterna fiesta, en Comala, la vida discurre en voz baja, en el encuentro con la propia alma, saboreando las tristezas interiores, pero sabiendo que no todo ha de ser drama.
Y que nos llega la hora de partir y alejarnos de Comala...con la luna anaranjada de octubre que nos acompañó en el camino de vuelta a la rutina
Regresaron las sonrisas, el buen ánimo y el gusto de vivir, mientras yo miraba a través de la ventana, lejos, perdido en la oscuridad, la silueta de un zopilote que solitario parecía mirarnos pasar, con sus ojos mudos a una distancia de siglos
“...hasta pronto Juan” le digo, que siempre habrán maneras de caminar por cualquier Comala, en este espacio sin tiempo
A 30 minutos de Colima (la capital) está Comala; hay un enorme letrero al entrar que reza: “Bienvenidos a Comala, Pueblo Mágico”
Cuando bajé de la camioneta, me pasó lo que seguramente le sucede a la mayoría de los que llegan hasta acá: empecé a caminar por las calles empedradas buscando a Juan...
“conoce usted a Pedro páramo?-le pregunté
me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza
-quién es?-volví a preguntar
-un rencor vivo-me contestó el
y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho mas adelante que nosotros, encarrerados por la bajada...”
este lugar es muy diferente al que yo “conocía”: hay montones de plantas de papagayo, plátano y mamey, flores amarillas, moradas, azules, anaranjadas y mariposas que vuelan sin miedo alrededor de ti, sin ese miedo que les da acercarse en ciudad grande.
Tanta vida en las calles, tanta luz, mientras nos llegan noticias de las brigadas que recorren Quintana roo y que les ha tocado en suerte vivir los efectos del huracán.
A ratos Celso se me empareja y me intenta explicar lo que le ocurre al mar con un huracán.
-Cuéntame cómo es un huracán- le pregunto
-es una lluvia de esas bien fuertes y no puedes salir, ni hacer nada, solo dan ganas de estar llorando.
Mi paso se aleja de Celso para seguir observando el lugar: las casas de paredes blancas y techos de tejas rojas; se escucha los cascos de un caballo y ladrar de perros y entonces me propuse escuchar el eco de “el trote rebotado de los burros”. Para respirar la atmósfera lenta de aquel Comala que me platicaron.
Lo que buscaba se contraponía a lo que se me presentaba: niños jugando en la plaza, las palomas cayendo en desbandada a comer el maiz que les avienta el viejecito, luz, sonidos, movimiento.
“...Allá de donde veníamos ahora, al menos te entretenías mirando el nacimiento de las cosas, nubes y pájaros, el musgo ¿te acuerdas? Aquí en cambio no sentirás sino ese color amarillo y acedo que parece destilar por todas partes. Y es que éste es un pueblo desdichado; untado de desdicha...”
Era como vivir dos realidades paralelas:
el Comala que estaba frente a mis ojos y el Comala que Juan me platicó y que me dicen que en realidad ni está en Colima, sino en un pueblo que se llama San Gabriel, Jalisco.
Es fácil irse con la finta, mas, en el fondo del corazón, se siente que el engaño es solo por el inevitable ánimo de encontrar motivos para soñarse.
“...yo también soy hijo de Pedro Páramo-me dijo
una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar,cuar,cuar...”
A Comala la gente va los domingos a comer, es un motivo para reunirse, llenar la atmósfera de risas; ahí se encuentra el restaurante que Fercha me recomendó (“Don Comalón”) en donde por cada ronda de bebidas espirituosas que solicites, llenan tu mesa de una cantidad de comida, como para rellenar un elefante.
Caminar las calles en Comala es saber que no vas a encontrar “eso” que buscas..como si viajaras en el tiempo y “algo” conociera el pasado que nunca fue, como si de pronto fueras capaz de “ver” los murmullos de los que tanto hablaba Juan...
“-Qué pasó por aquí?
-un correcaminos, señor, así les nombran a esos pájaros
-no, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado...”
Mientras en Comala, la explosión de colores, olores y sabores es motivo de eterna fiesta, en Comala, la vida discurre en voz baja, en el encuentro con la propia alma, saboreando las tristezas interiores, pero sabiendo que no todo ha de ser drama.
Y que nos llega la hora de partir y alejarnos de Comala...con la luna anaranjada de octubre que nos acompañó en el camino de vuelta a la rutina
Regresaron las sonrisas, el buen ánimo y el gusto de vivir, mientras yo miraba a través de la ventana, lejos, perdido en la oscuridad, la silueta de un zopilote que solitario parecía mirarnos pasar, con sus ojos mudos a una distancia de siglos
“...hasta pronto Juan” le digo, que siempre habrán maneras de caminar por cualquier Comala, en este espacio sin tiempo
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Pedro Páramo
Comala
Hola Judy:
ya que el nombre de tu correo parece epitafio, me alineo e inspiro en tu conversación también. gracias por compartir, tu mail me conectó.
A mi me pasó "parecidito" cuando conocí la Comala de Rulfo, nada tenía que ver con lo que guardó mi esperanza, esa, la que por un instante se asomó a la Comala que "Don Juan el silente" guardaba en la memoria de su corazón, voces que le gritaban cuando de veras volteaba pa tras.
Puras historias que sus muertos le contaron nomás para pasar el rato. Se me hace que por un ajujero se le desparramaron en graznidos de cuervos de ojos rojos y cuerpos prietos, ya desde ai empezó el miedo y la desconfianza. Pa mi que ya no era cosa de fiar.... si se le desparramaron cual enredo de voces de montaña que se precipitan sin dirección ni destinatario por todos los aires. Puras voces descarnadas de otro mundo que nos arremolinaron a miles en el mismo viaje que iba quien sabe pa donde, unos regresaron, de otros no volvimos a saber nada.
Un viaje que jaló pa diferentes lados, guiadas por voces apenas reconocibles de tan olvidadas. Pero qué eso sí, por unos momentos casi nos hizo suyos y nos subió al burro sin montura en el que se montó y que no tenía prisa pa llegar a ningún lado. A unos de plano los arrojó al lado del camino y no mas pudieron ver las tumbas pero nunca hablaron con los de veras muertos, por eso todavía andan por ai, como si nada.
Este don Juanillo por poquito nos hizo "encrer" que podríamos viajar con él y quedarnos con él pa siempre. En un tiempo de nadie, su viento nos arrempujó al fondo del barranco;cuando abrimos los ojos ya ni estábamos aquí, las señales las traian colgando los muertos, pero quien va a creerles sus cuentos, respondían disparates y vete tu a saber si te decían la verdad, ¡que casualidad que te hablan en las sombras y con puro susurro!
Rulfo nos empujó muy adentro de nosotros mismos, por una rendija que el muy canijo encontró en el puritito panteón y ai mero nos abandonó, y ¿qué más nos quedó? de puro miedo y desconcierto, nos topamos unos con otros, aunque fue de tanto empujarnos pa poder salir. Si, ese viejo nos echó en su costal tejido del merito silencio y allí nos hizo coincidir,aunque en saliendito muchos volvimos a reincidir en el "hasgase pa allá" "no se me arrejunte tanto"
Habitamos un mundo alterno, o ¿eterno? Entre el olvido y el no me acuerdo. Unos cuantos dicen que existe fuera de la historia y la cárcel de los hechos objetivos, que para Rulfo transcurrió con el tiempo de la añoranza, el dolor y el ensimismamiento, en donde hasta a los muertos bien muertos oyó platicar.
Te cuento algo peor, al volver a leer la novela, ya no encontré el Comala de la primera vez, los muertos cambiaron las señales y me mandaron a otras tumbas. Los muertos de Rulfo también habían muerto y solo quedaron sus ecos que recuerdan pedadazos del Comala que él platicaba, pa mi que ya ni existe. ¿alguna vez sí visité la Comala de Rulfo?
Cuando, como muchas cosas que me pasan en la vida, por "casualidad" llegué hace años al Comala geográfico, no se si tu lo conociste, se me hace que no. El que a mi me salió al paso era reteharto conocido, pero no me acordaba. Ellos descarados me lo recordaron. Sus muros me gritaban sin disimulo: chula, ¿otra vez por aquí?. Ya sabes,piropos atrevidos. Mejor hacerse la desentendida, no vayan a creer que te interesa su plática y que crean que quieres algo con ellos. Me voltié mejor pal restaurante. Ya sabes, la comida es buena pal olvido y el disimulo.
Tampoco encontré al Silencioso y sus muertos, que afán de contar mentiras de lugares que ni existen, y yo que pague pa venir. El lugar se parecía más bien a mi, ni siquiera recuerdo cuantos habitantes tiene, eso de plano no se le puede llamar conocer. Me reconocí en cada rincón, todo hablaba de mi, ¡joder! viajar para reconocer el aburrimiento. Ir tan lejos para encontrarte solo conmigo misma ¿porque los nuevos escenarios no trairán ninguna canija novedad? Habrá que demandar a las agencias de viajes! y sobre todo a Rulfo que nos hizo llegar hasta aquí, aquí tenía planeado que llegramos ese viejo zorro, o el también no supo ni pa donde jaló?
Qué misterio, llegar al mismo lugar, y develar el espacio más allá de los ecos los recuerdos y los caminos tantas veces recorridos o ese aburrimiento que los ojos siempre delatan, esa historia una y otra vez contada, que hasta los muertos zusurran. Quizá un día de tanto hablar con ellos nos revelen donde guardaron la tan valorada novedad.
Tantos mundos, tanto espacio, tanto caminar, tanta gente ¿diferente? Las conozco o simplemente me reconozco. ¿a dónde llego cuando camino un largo trayecto? ¿llego a Comala para oir a sus muertos o mis muertos me pasean por Comala? ¿el paisaje me habla o yo le hablo al paisaje?
Rulfo escribió sobre mi Comala, su Comala descrita es la que yo leí? ¿Quien está afuera y quien está adentro?. Pa mi que todo es un espejo! Me parece que Rulfo no habló de Comala, sino de él y su espejo sin reconocerse. ¿o si?
Lástima que también murió como pa responder. Ya muerto, se unió a los ecos? Les cuenta a los muertos historias de los vivos? vete tu a saber,hablaba poco.
Un abrazo.
Rosa Elena
ya que el nombre de tu correo parece epitafio, me alineo e inspiro en tu conversación también. gracias por compartir, tu mail me conectó.
A mi me pasó "parecidito" cuando conocí la Comala de Rulfo, nada tenía que ver con lo que guardó mi esperanza, esa, la que por un instante se asomó a la Comala que "Don Juan el silente" guardaba en la memoria de su corazón, voces que le gritaban cuando de veras volteaba pa tras.
Puras historias que sus muertos le contaron nomás para pasar el rato. Se me hace que por un ajujero se le desparramaron en graznidos de cuervos de ojos rojos y cuerpos prietos, ya desde ai empezó el miedo y la desconfianza. Pa mi que ya no era cosa de fiar.... si se le desparramaron cual enredo de voces de montaña que se precipitan sin dirección ni destinatario por todos los aires. Puras voces descarnadas de otro mundo que nos arremolinaron a miles en el mismo viaje que iba quien sabe pa donde, unos regresaron, de otros no volvimos a saber nada.
Un viaje que jaló pa diferentes lados, guiadas por voces apenas reconocibles de tan olvidadas. Pero qué eso sí, por unos momentos casi nos hizo suyos y nos subió al burro sin montura en el que se montó y que no tenía prisa pa llegar a ningún lado. A unos de plano los arrojó al lado del camino y no mas pudieron ver las tumbas pero nunca hablaron con los de veras muertos, por eso todavía andan por ai, como si nada.
Este don Juanillo por poquito nos hizo "encrer" que podríamos viajar con él y quedarnos con él pa siempre. En un tiempo de nadie, su viento nos arrempujó al fondo del barranco;cuando abrimos los ojos ya ni estábamos aquí, las señales las traian colgando los muertos, pero quien va a creerles sus cuentos, respondían disparates y vete tu a saber si te decían la verdad, ¡que casualidad que te hablan en las sombras y con puro susurro!
Rulfo nos empujó muy adentro de nosotros mismos, por una rendija que el muy canijo encontró en el puritito panteón y ai mero nos abandonó, y ¿qué más nos quedó? de puro miedo y desconcierto, nos topamos unos con otros, aunque fue de tanto empujarnos pa poder salir. Si, ese viejo nos echó en su costal tejido del merito silencio y allí nos hizo coincidir,aunque en saliendito muchos volvimos a reincidir en el "hasgase pa allá" "no se me arrejunte tanto"
Habitamos un mundo alterno, o ¿eterno? Entre el olvido y el no me acuerdo. Unos cuantos dicen que existe fuera de la historia y la cárcel de los hechos objetivos, que para Rulfo transcurrió con el tiempo de la añoranza, el dolor y el ensimismamiento, en donde hasta a los muertos bien muertos oyó platicar.
Te cuento algo peor, al volver a leer la novela, ya no encontré el Comala de la primera vez, los muertos cambiaron las señales y me mandaron a otras tumbas. Los muertos de Rulfo también habían muerto y solo quedaron sus ecos que recuerdan pedadazos del Comala que él platicaba, pa mi que ya ni existe. ¿alguna vez sí visité la Comala de Rulfo?
Cuando, como muchas cosas que me pasan en la vida, por "casualidad" llegué hace años al Comala geográfico, no se si tu lo conociste, se me hace que no. El que a mi me salió al paso era reteharto conocido, pero no me acordaba. Ellos descarados me lo recordaron. Sus muros me gritaban sin disimulo: chula, ¿otra vez por aquí?. Ya sabes,piropos atrevidos. Mejor hacerse la desentendida, no vayan a creer que te interesa su plática y que crean que quieres algo con ellos. Me voltié mejor pal restaurante. Ya sabes, la comida es buena pal olvido y el disimulo.
Tampoco encontré al Silencioso y sus muertos, que afán de contar mentiras de lugares que ni existen, y yo que pague pa venir. El lugar se parecía más bien a mi, ni siquiera recuerdo cuantos habitantes tiene, eso de plano no se le puede llamar conocer. Me reconocí en cada rincón, todo hablaba de mi, ¡joder! viajar para reconocer el aburrimiento. Ir tan lejos para encontrarte solo conmigo misma ¿porque los nuevos escenarios no trairán ninguna canija novedad? Habrá que demandar a las agencias de viajes! y sobre todo a Rulfo que nos hizo llegar hasta aquí, aquí tenía planeado que llegramos ese viejo zorro, o el también no supo ni pa donde jaló?
Qué misterio, llegar al mismo lugar, y develar el espacio más allá de los ecos los recuerdos y los caminos tantas veces recorridos o ese aburrimiento que los ojos siempre delatan, esa historia una y otra vez contada, que hasta los muertos zusurran. Quizá un día de tanto hablar con ellos nos revelen donde guardaron la tan valorada novedad.
Tantos mundos, tanto espacio, tanto caminar, tanta gente ¿diferente? Las conozco o simplemente me reconozco. ¿a dónde llego cuando camino un largo trayecto? ¿llego a Comala para oir a sus muertos o mis muertos me pasean por Comala? ¿el paisaje me habla o yo le hablo al paisaje?
Rulfo escribió sobre mi Comala, su Comala descrita es la que yo leí? ¿Quien está afuera y quien está adentro?. Pa mi que todo es un espejo! Me parece que Rulfo no habló de Comala, sino de él y su espejo sin reconocerse. ¿o si?
Lástima que también murió como pa responder. Ya muerto, se unió a los ecos? Les cuenta a los muertos historias de los vivos? vete tu a saber,hablaba poco.
Un abrazo.
Rosa Elena
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