Adriana, Judy y Hugo. En estos tiempos, María y Roberto vivían cerca de los Ibarra. Niñeros como siempre, les encantaba estar con Judy. Rosa, las cuatas y Adriana, seguido iban por ella para cuidarla y jugar con ella.Yolanda y Rosa en la reunión familiar Contreras-Ibarra. Primas y amigas
UNA FAMILIA ENTRAÑABLE.
Cuando los Contreras llegamos de Juárez a Morelia, en las condiciones que la mayoría conocen. Toda la familia Bustos nos acogió y nos ayudó de una manera u otra. Mención honorífica debe darse a la tía Guille y al tío Alfredo.
Mi primer recuerdo de la tía es de cuando llegamos a la casa del tío Ramón, era muy temprano en la mañana. Nos habían ido a recoger de la estación de ferrocarril, creo que en Silao, Gto. en un camión, Roberto Salgado y otros más. Yo tenía seis años. No todo está claro. Mi tía estaba acostada en una cama y me metió con ella, me abrazaba y me acariciaba. Nunca de jé de sentir ese cariña y calor humano de ella, hasta unos días antes de fallecer que la fui a visitar al hospital.
Ellos eran una pareja joven, como los ven en la primera foto. Pero llenos de hijos como mis papás. Mi tío trabajaba de maestro de inglés y su sueldo apenas le alcanzaba para mantener a su numerosa familia. Aún así, a esa pareja siempre se le veía feliz y muy enamorados. Una parte de nosotros se fueron a vivir con ellos por un tiempo (me acuerdo de Pepe y María). Los demás, seguido estábamos compartiendo sus comidas y sus días especiales. En otro relato conté del Día de Los Reyes (nuestro primero) en su casa. Hemos relatado en este blog de nuestras primeras posadas con sus vecinos.
O estábamos con ellos en su casa, o ellos nos venían a visitar a la casa de mi tío Ramón. Entre los juegos que más nos gustaban era el de poner "la tiendita".
Mi tío, en ese tiempo era muy alegre y bohemio. Muy cariñoso con sus hijos y con nosotros. Esmeralda que andaba por sus 15 años, me llevaba a todas partes con ella. Me acuerdo que yo veía a Esmeralda y a Lilian muy bonitas. En ese tiempo Lilian tenía a un novio que se llamaba Marte. No me acuerdo del nombre del entonces novio de Esmeralda. pero me acuerdo que un día había tronado unos cuetes afuera y del susto Esmeralda se desmayó, y su novio la llevó en brazos adentro. Todo eso se me hizo de película, desmayada y que te llevan lánguida en los brazos. Después de ver eso, siempre yo me quice desmayar, pero nunca se me hizo. Cuando me asusto, nada más doy brincos y sobresaltos.
Cuando regresamos de Uruapan, del internado, me andaba por ver a Esmeralda y al tío Alfredo. Pero ya no fue los mismo, algo había cambiado en el ambiente familiar. Lo que no cambió fue esa unión que tuvimos con todos ellos. Por mucho tiempo nos tocó vivir enfrente de su casa, y eso, y la calidez natural de ellos, nos hizo convivir muchas experienciar juntos. Ir de paseos a Cuintzio o la Huerta, donde el tío Alfredo dando vueltas y vueltas en su carros para llevar a las dos familias numerosas. Muchas veces nos convidaban sus horas de comida y merienda, y por supuesto, todas sus fiestas. Nosotros les convidamos de nuestra casa, nuestras ocurrencias, y nuestras locuras y talentos. Clara, las cuatas y Adriana formaban parte del elenco de todas mis obras y bailables que armaba. Teníamos un club de "Rebeldes", con Clara Isabel y otras chicas del barrio, que lo único que hacíamos era pararnos en las esquinas en las noches, poner caras de interesantes, y nos metíamos cuando nos empezaba a calar el frío.
Después yo crecí y pasé al grupo de las adolescentes con Rosa. Y a empezar a tener novios y a compartir todas nuestras emociones y sufrimientos. Nos convertirnos en alcahuetas la una de la otra, a taparnos y protejernos de las palizas de las mamás por andar de voladas.
Compartimos de sus comidas, sus alegrías y sus penas. Por las edades, algunos hicimos parejas muy perdurables, como Rosa y yo, Alfredo y pepe y María y Djenane, Clara e Isabel, Rosa Elena y Paty.
Hemos sido amigos en la niñez, la adolescencia y en nuestra vida adulta. Seguimos compartiendo las buenas y las malas. Lo que más les caracteriza a la mayoría de ellos, es su generosidad, valor familiar que recibieron de sus padres.























