

Conocer una micra de este inmenso país fue para Rosita y para mí un auténtico privilegio. Jamás pensé que yo pudiera conocer algo de este país.
Comencé a planear el viaje con mi agencia: Viajes Tzitzi y yo mismo no me lo creía. Mis planes, en vez de China, eran Mongolia, particularmente Ulan Bator, pero me negaron la visa. Me tuve que conformar con la República Popular China. Pero no me arrepiento.
Íbamos a este misterioso país, recientemente abierto al turismo, principalmente para ver costumbres legendarias, tales como el ritual del té, las finas porcelanas (sin comprarlas porque son muy caras), los trabajos de seda, la tinta china que desaparece, las casas de juncos sobre el río, los crisantemos ornamentales y comer el arroz con popotes. Todo esto que leía en los folletos de propaganda obsequiados por la Agencia de Viajes, francamente me alborotaban.
Pekín es la capital de China, fundada hace más de 2000 años. Es el centro político, cultural e intelectual de China. Además, es la principal metrópoli comercial e industrial.
Visitamos el asombroso Templo del Cielo que es el santuario más famoso de este país. Su enorme estructura está construida de madera, pero sin clavos. Los muros son rojos con dibujos geométricos muy complicados revestidos con laminillas de oro hasta el techo. En el interior del templo está la figura majestuosa del Buda. No subimos hasta el último piso porque había mucha gente esperando turno para subir por la alta y angosta escalerilla. Este templo fue construido en el siglo XV.
La Plaza Tiananmen de Pekín es la mayor plaza pública del mundo. Ahí se aprecia, en primer término, la fachada por donde se ingresa a
En el interior de esta enorme ciudad está el Palacio Imperial y otras muchas construcciones muy interesantes y extrañas para nosotros.
A la entrada del mausoleo en donde se exhibe el cuerpo de Mao Tse Tung, se erige su estatua.
El mausoleo es un recinto muy amplio y alto, con grandes ventanales a los lados. En el centro de la amplia sala se encuentra una plancha de mármol, como de un metro y medio de alto. Ahí reposa el cadáver del líder, el cual está vestido con una gorra azul, una camisa blanca, una chaqueta azul y el pantalón del mismo color. Los brazos reposan sobre su abdomen y su rostro luce visiblemente pálido. El austero recinto y el cadáver impresionan.
También fue motivo de asombro para nosotros ver la gran cantidad de gentes que deambulan por las avenidas de Pekín y los ríos inmensos de bicicletas.
Comimos en un restaurante el famoso pato pekinés, que por cierto nos gustó.
Asistimos a la Ópera de Pekín que combina el baile con la acrobacia. Los actores usan vestidos extravagantes, gesticulan y se maquillan la cara sin discreción. Los instrumentos musicales son muy raros para nosotros y las melodías me parecieron melancólicas.
Fue maravilloso admirar a los calígrafos y a una jovencita todo talento, que en unos arillos de bordar, en una tela muy delgadita color humo, con aguja e hilo copiaba a la perfección la foto a colores de un gatito. Todo esto lo vimos en el lobby del hotel.
Por fin se llegó el día de ir a La Gran Muralla China, que se encuentra a escasos 60 kms de Pekín (como de Uruapan a Pátzcuaro). Es la construcción artificial más larga del mundo (un laberinto de más de
El complejo turístico incluye hoteles, restaurantes, tiendas de curiosidades relacionadas con La Gran Muralla y otras.
Muy cerca de ahí se encuentra una estación del ferrocarril. Cito esto porque casualmente nos tocó presenciar el Ferrocarril Transiberiano que partió de la ciudad de Moscú, rumbo al Océano Pacífico, tres meses antes.
Nuestro viaje a
Un domingo nos llevaron a un campo de diversiones grandísimo, rodeado de pagodas y construcciones chinas, un lago y colinas de suaves pendientes, un teatro para títeres, otro para ópera, la rueda de la fortuna, el gusano, los carritos chocadores, el avión del amor, malabaristas en las calles, magos, golosinas, tiro al blanco, restaurantes, la montaña rusa, etc. Un mundo de gente abarrotaba el enorme campo. Por donde quiera gente y más gente. Yo ya estaba muy disgustado, porque unos compañeros se habían extraviado en medio de la multitud. El guía, previsor, no indicó el sitio y la hora de reunión. Rosita y yo nos trepamos al autobús a dormir. Estábamos cansados de tantísima gente. En Pekín se ve gente y bicicletas, ríos caudalosos de bicicletas. El país actualmente tiene un censo de 1.300 millones de habitantes. Pese a estos inconvenientes, lo que presenciamos en este país fue de lo más interesante. Yo volvería encantado a la China de Mao Tsé Tung.


La ciudad de Shanghai se ubica al este de China y se desarrolla industrial y comercialmente en las dos orillas del Río Huangpu, cerca de su confluencia con el río Yangzi Jiang. En China hay más de 50.000 ríos, la mayor parte navegables. La ciudad más grande y poblada de China, es Shanghai, una aglomeración urbana de más de 15 millones de habitantes. Son célebres los trabajos artesanos en esmaltes, en las tallas de jade, la loza laqueada (¿Lacada? An chepo, que quiere decir, no sé) y el tejido de alfombras. Todo se te antoja comprarlo, pero con qué ojos, divino tuerto.
Esta enorme ciudad es el centro financiero de mayor importancia en toda China. Compite con Hong Kong.
Caminamos por la avenida Nanjing, que es una de las más importantes de la ciudad, en donde la gente se agolpa por la avenida debido a la superpoblación.
La ropa, el calzado, los alimentos enlatados, los pescados y mariscos en comercios y restaurantes son baratísimos, sólo que hay que pagar con la moneda de uso común, el yuan, de modo que no puedes cambiar más que lo estrictamente indispensable para tus compras, porque dicha moneda no se puede cambiar por dólares ni en el hotel ni en los Bancos, lo que te sobra te lo llevas a tu casa como recuerdo.
Navegamos por el Río Huangpu en un enorme trasbordador, ahí comimos la comida cantonesa con los clásicos palillos colocados en una enorme mesa giratoria, entorno de la cual se sientan los comensales a comer. Dicha mesa está provista de platones con los alimentos de los que puedes escoger tu comida preferida sin restricciones. Te arriman palillos para comer.
Terminada la opípara comida fuimos invitados a presenciar la función del teatro: Una comedia ocurrente que no entendí ni madre. Malabaristas y contorsionistas increíbles, así como magos asombrosos.
A mí me invitó al escenario un mago jovencito, de escasos 15 años, para que le sirviera de comparsa en sus variados actos de magia. Me quedé maravillado por su destreza y pulcritud. Trataré de describir un acto que, neta, no me explico cómo lo hizo: los dos cogimos una pequeña sábana por los extremos, como una toalla, un niño del público que estaba comiendo palomitas, fue invitado por el joven mago a que vaciara las palomitas en la sabanita, movimos la sábana y poco a poco fueron desapareciendo las dichosas palomitas, hasta que el niño mago lanzó la sabanita al público sin ni madre de palomitas de maíz.
Navegamos como seis horas (ida y vuelta) por el ancho, caudaloso y congestionado río. En la barandilla del transbordador, Rosita y yo vimos sampanes, juncos, barcos enormes de la marina mercante China y toda clase de lanchas y barcazas. Las orillas de ambos lados del río, ¡SON PUERTOS HASTA LA DESEMBOCADURA DEL MAR AMARILLO! De esta ciudad al Mar Amarillo, hay 100 kilómetros. Confieso que me quedé muy sorprendido, pues yo conozco los puertos más importantes de mi país y son muy pequeños.
China tiene una frontera terrestre de más de 22.000 kilómetros (Estoy copiando) y limita con 14 países: Mongolia, Rusia, Corea del Norte, Laos, Myanmar, (antigua Birmania), India, Bután, Nepal, Pakistán Afganistán, Kasajstán, Kirguzistán, y Tayijistán.
Saludos.
En esta bella y tradicional ciudad, una de las más antiguas de China, visitamos la pagoda de la Colina del Tigre y La Gran Mezquita, utilizada por la población musulmana. Esta ciudad es un centro cultural e industrial a orillas del Río Wei.
Se dice que los médico acupunturitas gozan de fama internacional, a mí me ofrecieron una sesión de acupuntura que acepté.
En China yo no vi un solo perro callejero, mujeres embarazadas o limosneros. Los fumaderos de opio y prostitutas, no están al alcance de turistas.
A Xi´an se va para admirar uno de los ejemplos más hermosos e impresionantes, como el famoso ejército de terracota de la tumba del emperador Qin shi Huangdi, formado por más de 6.000 figuras de terracota de tamaño real, que representan soldados y caballos.
En una de las escapadas a cenar con Rosita, escogimos un restaurante que anunciaba pato laqueado, el guía nos lo recomendó. Para abrir el apetito, nos sirvieron un vino blanco que me pareció demasiado dulce, pedí otros dos vinillos y el pato. Nos sorprendimos cuando nos arrimaron una bandeja con suficiente carne de pato, tortillas de harina que la mesera se encargó de servirnos en tacos. De postre no dieron una rebanada de pastel con nueces y piñones. Un vaso de agua de chía remató la cena.

