
Leyendo el relato de Chito sobre los Ibarra y escuchando la canción de Brenda Lee, se me vinieron a borbotones muchos recuerdos.
Yo ese disco lo escuchaba en la casa de Lerdo de Tejada. Lo podía escuchar una y otra vez, así como los discos de Ray Conniff, Louis Armstrong, Doris Day y otros más. Ahora, cuando de repente escucho esas canciones, me remonto inmediatamente a la casa de los Ibarra.La canción de Brenda Lee favorita de mi mamá, era "Mi eco, mi sombra y yo". Una vez que vino a Estados Unidos a visitarme, me dijo "habías de buscarme esa canción, me habla directamente al corazón". Mi tío Alfredo se la había traducido.
En esos tiempos, aunque nosotros carecíamos de muchas cosas materiales, de una u otra manera las teníamos al alcance gracias a la bondad y generosidad de amistades y familiares.
La música en disco: a través de la maravillosa consola de los Ibarra, que en mi caso, Rosa se encargaba de ponerme los discos; la tele, con la siempre bondadosa Mayita Torres, acompañada de sus tacos de frijoles refritos en Coca Cola (nunca nos atrevimos a decirle que, por nosotros, podía dispensar de la Coca o que les pusiera un poco más de sal) así como el pan que nos sabía riquísimo. Cuando muy de vez en cuando iban otros niños del barrio a ver la tele, ella se esperaba a que se fueran para darnos algo de comer, así que no sólo veíamos tele, la veíamos acompañada de comida ¡qué privilegio!
De ahí que ahora podemos hablar con conocimiento de los programas de esa época.
"La Ley del Revolver, Perry Mason, el programa de Discos Orfeón, Viruta y Capulina, etc". Víctor y yo nos apoderábamos de un tipo de pila, que había en el rincón de la sala que en realidad era para poner plantas, pero nosotros la hacíamos cama. A veces, a Víctor le daban el privilegio de sentarse en los sillones, que eran exclusivos para los adultos, los demás la veíamos sentados en el suelo.
Generalmente, Víctor y yo, éramos los últimos que nos quedábamos a ver los programas de la noche, que por lo regular, eran policíacos. Y hacíamos el juego de adivinar “quién había sido, quién lo hizo”. Mayita ni siquiera ponía atención a la tele, básicamente la prendía para nosotros.En ese entonces, María ya andaba noviando o buscando novio, entonces la tele no le importaba mucho.
Ella era experta en el sonido que hacían los escapes de las diferentes motos de los muchachos que pasaban por ahí. “Esa moto es una Triunfo, esa es una Yamaha”. “Y ese es el menso del “Guarache Veloz”, que anda en una Islo, para ese no salgo a ver”.El rico pan también lo recibíamos directa o indirectamente
De la tía Guille también heredamos un par de camas gemelas, que desgraciadamente venían
con acompañantes. Una bola de chinches carnívoras que nos traían todo el día a Chata y a mí con unas ronchas y comezón estilo Job. Bueno, hasta de doña Matilde, la mamá de mi tío Alfredo, heredamos la “mesa del comedor”, me fascinaba que ésa tenía un cajoncito en el centro, en la que yo “escondía” mis tesoros.En la casa escuchábamos la radio a través de un radio que nos había dado Laura, se le había caído el botón protector para prender y apagar y controlar el volumen, entonces
En ese tiempo hacían en la radio concursos entre cantantes, el público llamaba por teléfono con sus votos. Cuando Teresa (ya casada) andaba por ahí, mandaba a Ramón para llamar con los pocos cincos que teníamos (dinero bien gastado porque oíamos la voz de Ramón votar por Alberto Vázquez en contra de Enrique Guzmán). Todos, incluyendo Teresa, brincábamos de gusto cuando ganaba Alberto (porque tenía “mejor voz”).
Laura era la que le prestaba a Chata vestidos y zapatos de fiesta cuando ésta los necesitaba para su vida social, y yo e Isabel heredábamos la ropa de Laurita y Meche.Cuando vivíamos en Lerdo de Tejada, yo me encargaba en las mañanas de ir por el mandado al mercado del Santo Niño; comprar el pan y la comida del día. Un día, después del día de pago a mi mamá, fui por el mandado con $50 pesos. En algún lado perdí el billete, cuando iba a pagar por el pan, ya no lo traía.
Me regresé a la casa toda preocupada y acongojada. Estaba sentada en el quicio de la puerta llorando, cuando pasó Rosa y me preguntó qué tenía, le conté y me dijo: “no te preocupes, yo le digo a mi tía que a mí se me perdió para que no te regañe”. Lo que ella no sabía o entendía era que yo no lloraba por el miedo a la regañada, sino por el miedo a que la familia no iba a tener para comer el resto de la semana.
Después por ahí apareció una amiga de mi mamá de su juventud, Salud, se llamaba. Ella tenía una pequeña tienda de abarrotes por
la Soterraña, donde también vendía pan. Cuando se dio cuenta de la situación de la familia, ofreció darnos gratis pan, leche y algo de abarrotes de su tienda. Yo iba por ese mandado. Cuando me encontraba amigos que vivían por allá y me preguntaban por qué iba hasta allá por el mandado, les decía que porque en esa tienda sabía más rico el pan. La hija de Salud era la secretaria de la escuela Cámara de Comercio, y gracias a ella fue que hice mis pocos estudios de comercio pagando
un mínimo de la colegiatura. Y claro, ya he hablado antes que por la tía Lourdes que era la Madre Superior en el colegio Cázares, fue que varias de nosotras en la familia estuvimos en colegio particular sin pagar colegiatura. ¡Y no se diga de la comida que las monjas nos daban!En las escuelas, por lo menos María y yo, nunca carecimos de amigas “disparadoras”. Así que en el recreo o a la salida de la escuela, comíamos de las chucherías que las demás compraban.
Las películas las podíamos ver porque mi mamá tenía una amiga que recibía los boletos en el cine Morelos, y otro amigo en el cine Colonial.
Así que los días cuando no había mucho público, nosotros podíamos entrar gratis. Víctor y yo éramos expertos en películas. En aquel entonces no había pósters de artistas, entonces nosotros recortábamos las fotos de artistas que salían en las revistas y tapizábamos las paredes de nuestra recámara con esas fotos, y éramos la envidia del barrio por nuestra colección y porque mi mamá nos dejaba hacer eso con las paredes. Todavía me acuerdo de mi foto favorita, que era de Elizabeth Taylor vestida como Cleopatra. Eso tenía tanto valor para nosotros como ahora la galería de Pepe.Yolanda
